Europa lidera a nivel global el apagado de las redes móviles 2G y 3G, con una clara prioridad en la retirada del 3G, según el nuevo informe 2G and 3G Switch-off Regulations and Policies de la consultora Omdia.
Este avance se explica, en gran parte, por el papel que todavía desempeña el 2G en aplicaciones de máquina a máquina (M2M) y del Internet de las Cosas (IoT) en varios países europeos. Mercados como Alemania, Bélgica y Países Bajos ya han cerrado sus redes 3G, aunque mantienen una cobertura 2G limitada para servicios heredados.
En el Reino Unido, los operadores móviles han acordado desconectar tanto el 2G como el 3G antes de 2033, en línea con los planes nacionales para liberar espectro y acelerar el despliegue del 5G. A corto plazo, el apagado del 3G es aún más inminente: todas las redes de esta tecnología dejarán de operar a comienzos de 2026.
El informe destaca que la adopción generalizada del 4G y el 5G está llevando a los operadores a apagar progresivamente las redes más antiguas. El objetivo es optimizar recursos, reasignar espectro, simplificar las infraestructuras y reducir costes. “Mantener cuatro redes activas al mismo tiempo resulta extremadamente caro”, explica Sarah McBride, analista principal de Regulación en Omdia.
El enfoque varía según la región. En Asia-Pacífico, el esfuerzo se ha centrado sobre todo en el cierre del 2G, con Japón como pionero al convertirse en el primer país en desmantelarlo por completo. Norteamérica, por su parte, ya ha culminado el apagado del 3G: Estados Unidos lo hizo a finales de 2022 y Canadá completará el proceso en 2025. En África, sin embargo, el 3G se retirará antes que el 2G, ya que millones de personas todavía dependen del 2G para servicios básicos como llamadas y mensajes de texto.
Regulación y protección del usuario
Aunque en la mayoría de los casos son los propios operadores quienes impulsan el apagado de las redes, en algunos países el proceso está supervisado o regulado por las autoridades. Esta intervención puede incluir la aprobación de los planes de desconexión, cambios en el uso del espectro o la exigencia de autorizaciones previas.
Omdia subraya que permitir licencias de espectro tecnológicamente neutrales facilitaría una transición más eficiente, sin necesidad de esperar al vencimiento de las concesiones actuales. En cualquier caso, el éxito del apagado depende de una colaboración estrecha entre reguladores y operadores.
A medida que se acelera la retirada del 2G y el 3G, la protección del consumidor se ha convertido en una preocupación clave. Los usuarios más vulnerables (personas mayores, habitantes de zonas rurales, clientes de IoT y quienes utilizan dispositivos antiguos) son los que corren mayor riesgo de quedar desconectados. Para evitarlo, los reguladores están exigiendo una comunicación clara, calendarios definidos, planes de migración y apoyo técnico que garanticen una transición sin sobresaltos.
“Adoptar medidas de protección al consumidor de forma anticipada es fundamental para lograr apagados inclusivos y sin interrupciones”, concluye McBride.










