La transformación empresarial es hoy más que nunca un desafío constante, donde la tecnología, los procesos y el talento se entrelazan para generar valor real. Carolina Martínez Gómez, chief transformation en Mediapro, analiza cómo lograr que la transformación en las organizaciones genere valor real, destacando la importancia de un propósito claro, un liderazgo capaz de movilizar a toda la empresa y la tecnología como palanca, no como fin. Además, explica cómo los estilos de liderazgo inclusivos, la formación del talento y la cultura organizativa son fundamentales para impulsar la innovación, garantizar la adopción tecnológica efectiva y potenciar la presencia femenina en puestos de decisión, asegurando que su impacto sea sostenible y transformador.
La transformación empresarial es un reto constante. Desde su experiencia, ¿qué elementos son realmente esenciales para que una organización no solo sobreviva, sino que aproveche los cambios para crecer y generar ventaja competitiva?
Las organizaciones que realmente crecen en contextos de cambio son aquellas que combinan visión estratégica y transformadora, capacidad de ejecución y cultura innovadora, poniendo el foco en el cliente y la excelencia en el servicio.
Desde mi experiencia, los elementos esenciales son un propósito estratégico claro, encarnado en un liderazgo capaz de catalizar la transformación y la innovación; el talento como motor de cambio, porque sin compromiso, talento y liderazgo distribuido no hay transformación real; procesos y organización alineados con los cambios de negocio, rediseñados con foco en valor, eficiencia y robustez; y, por último, la tecnología, que debe entenderse como una palanca para impulsar los cambios y no como un fin en sí misma.
“Cuando las organizaciones crean espacios donde las personas pueden desarrollarse, aprender y aportar valor real, la influencia se vuelve sostenible y duradera”
El liderazgo marca la diferencia en los procesos de cambio. ¿Qué características tienen los directivos que logran movilizar a toda la organización frente a aquellos que solo implementan ajustes superficiales?
La clave está en la capacidad de convertir la visión en estrategia y en la capacidad de ejecución de esa estrategia. Esto exige liderazgo, gobernanza, foco y disciplina estratégica.
Es un liderazgo que actúa leyendo el entorno, anticipando, y generando el cambio colectivo, sabiendo cómo surfear la complejidad sin perder propósito ni coherencia. Los líderes que ejecutan transformaciones de valor comparten una serie de rasgos diferenciales, uno de los más relevantes es la capacidad de entender la organización como un sistema, donde personas, procesos, tecnología, cultura y mercado interactúan constantemente. No piensan en silos ni en proyectos aislados, sino en dinámicas estructurales de largo plazo.
Piensan en una Transformación integral y transversal, no limitada a la tecnología, que combina organización, procesos y una visión 360º.
Desde su experiencia en Mediapro, ¿qué lecciones destacaría sobre liderar la transformación en una empresa global? ¿Qué errores cree que otras compañías deberían evitar?
No existe una única fórmula válida, pero sí algunos principios que creo que marcan la diferencia; la flexibilidad estratégica entendida como la capacidad de adaptar modelos, ritmos y prioridades; proximidad al negocio; la confianza, fundamental para superar resistencias y sostener la transformación en el tiempo; la gobernanza clara y la priorización.
La transformación fracasa cuando se aborda de forma fragmentada, cuando se confunde transformación con tecnología. Es importante no subestimar la gestión del cambio, no imponer modelos, y no lanzar iniciativas sin una arquitectura estratégica clara.
La tecnología evoluciona a un ritmo vertiginoso, pero no todas las innovaciones aportan valor. ¿En qué deberían basarse las empresas a la hora de decidir qué tecnologías implementar y cómo evaluar su impacto real antes de asumir riesgos?
La tecnología debe estar siempre al servicio de la estrategia, y no al revés. Antes de elegir una solución, deberíamos definir qué modelo operativo queremos construir, en qué punto de madurez estamos y qué hoja de ruta necesitamos para evolucionar. No existe una tecnología universal ni una fórmula única: cada empresa tiene su propio contexto, cultura y capacidades. La clave está en diseñar soluciones alineadas con la realidad específica de cada organización y elegir aquellas que generen impacto real, validar su valor y asegurar una adopción efectiva por parte de las personas. Podemos priorizar aquellas herramientas que aporten impacto tangible en eficiencia, escalabilidad, experiencia de cliente y capacidad de adaptación futura.
“La transformación fracasa cuando se aborda de forma fragmentada, cuando se confunde transformación con tecnología”
Herramientas como la inteligencia artificial y la analítica avanzada ofrecen grandes oportunidades, pero también riesgos. ¿Cómo se pueden integrar sin comprometer la ética, la privacidad o la confianza de los clientes?
Integrar tecnología limitando el riesgo parte del establecimiento de un marco sólido de gobernanza desde el principio. Esto implica definir principios claros de uso responsable, políticas de privacidad robustas, controles de transparencia, así como procesos de auditoría y trazabilidad de decisiones automatizadas.
También es fundamental involucrar a las áreas de Compliance, Legal, Ciberseguridad, y negocio para alinear la tecnología con los valores de la organización y las expectativas de los clientes. De esta manera, la innovación se convierte en una palanca de valor y no en un riesgo reputacional.
En entornos complejos y cambiantes, ¿cómo pueden las mujeres liderar la innovación y la transformación cultural dentro de las organizaciones?
Más que una cuestión de género es una cuestión de estilos de liderazgo. En entornos complejos funcionan mejor los liderazgos capaces de combinar visión estratégica, capacidad de adaptación, foco en impacto, colaboración transversal, ejecución. Estos estilos permiten impulsar la innovación y transformar la cultura.
¿Qué cambios culturales o estructurales ayudan a que más mujeres accedan a roles de decisión y su talento tenga visibilidad en la estrategia de la empresa?
Creo en las culturas basadas en meritocracia, diversidad y oportunidades reales.
Esto implica eliminar sesgos en los procesos de promoción, apostar por modelos de liderazgo inclusivos, fomentar referentes visibles, impulsar el mentoring y esponsorización, y crear entornos donde el talento pueda desarrollarse y visibilizarse.
“Creo en las culturas basadas en meritocracia, diversidad y oportunidades reales”
Más allá de ocupar cargos directivos, ¿qué prácticas ayudan a retener y potenciar el talento femenino, asegurando que su influencia tenga un impacto real y duradero en la organización?
Potenciar el talento tiene un elevado componente de propósito, crecimiento y confianza. Cuando las organizaciones crean espacios donde las personas pueden desarrollarse, aprender y aportar valor real, la influencia se vuelve sostenible y duradera.
Y cuando las personas sienten que pueden aportar, crecer, generar impacto y equilibrar su vida profesional y personal, el compromiso se consolida de forma natural.
Pensando en el futuro, ¿qué tendencias tecnológicas, organizativas y de gestión del talento cree que marcarán la agenda de las empresas? ¿Qué estrategias deberían seguir para aprovechar al máximo estas oportunidades?
Varios estudios recientes destacan en el plano tecnológico la IA avanzada, la automatización inteligente y la ciberseguridad.
En paralelo, cada vez más observamos que las organizaciones avanzan hacia estructuras más ágiles, horizontales, flexibles y orientadas a producto, capaces de adaptarse rápido a entornos inciertos.
En cuanto al talento, se está priorizando el desarrollo de capacidades híbridas, combinándolas con habilidades digitales.
Para aprovechar al máximo este contexto, las funciones de transformación adquieren un papel cada vez más relevante como catalizadoras del cambio, conectando visión estratégica con ejecución y cultura organizativa.










