La inteligencia artificial industrial está a punto de entrar en una fase decisiva. Según IFS, compañía especializada en software empresarial para sectores industriales, 2026 será el año en el que la IA pasará definitivamente “de la digitalización a la inteligencia y de la inteligencia a la autonomía”, tras un 2025 que supuso un punto de inflexión global con la consolidación de la IA generativa en la vida cotidiana. Sin embargo, el mayor impacto de esta tecnología no se está produciendo en los entornos digitales tradicionales, sino de forma progresiva y discreta en sectores claves del mundo físico como el aeroespacial y defensa, las utilities, la fabricación, la construcción o las telecomunicaciones. En estos ámbitos la IA ha dejado atrás la fase experimental y comienza a integrarse en las operaciones reales.
IFS subraya que el 70% de la población activa mundial no trabaja detrás de un escritorio. La IA diseñada para estos profesionales está acelerando la transición hacia modelos operativos autónomos, predictivos y en tiempo real. De cara a 2026 el debate ya no girará en torno a si se adopta la IA, sino a la velocidad con la que se integra en el día a día una vez superada la fase de pruebas.
Una de las principales tendencias identificadas es el auge de los equipos híbridos, en los que personas y agentes de IA especializados trabajarán de forma conjunta. Las tareas rutinarias como la introducción de datos, la elaboración de informes o la documentación, quedarán en manos de sistemas inteligentes, mientras que los profesionales asumirán funciones de mayor valor añadido como la gestión de excepciones, la supervisión ética o la toma de decisiones estratégicas.
“Este nuevo modelo impulsará perfiles profesionales emergentes y requerirá rediseñar procesos y reforzar la formación, además de la tecnología. También acelerará la llegada de la IA física, con más robots en entornos industriales”, tal y como declara Christian Pederson, chief product officer de IFS.
En sectores como la construcción y la ingeniería, la compañía detecta una modernización acelerada de los sistemas empresariales. Dos tercios de las empresas avanzan ya en sus planes de actualización de ERP y se espera que este ámbito se convierta en una de las industrias más orientadas a la IA en 2026. La IA industrial permite automatizar la recogida y el análisis de datos clave de los proyectos, lo que se traduce en una reducción de riesgos y una mejora de los resultados.
Según datos de IFS, los principales usos actuales de la IA en estas organizaciones son la ejecución de proyectos (62 %) y la inteligencia empresarial (59 %). Entre las compañías que ya la aplican, el 89 % asegura haber incrementado su rentabilidad, además de mejorar la eficiencia y reducir costes. La previsión es que en 2030 las operaciones basadas en IA sean fundamentales para las funciones diarias del sector, con una adopción de hasta el 70 % en los mercados desarrollados.
Sin embargo, este avance tecnológico también plantea retos. La integración de la IA está incrementando el consumo energético, lo que está impulsando iniciativas de sostenibilidad como la monitorización de emisiones de carbono. En el sector energético el crecimiento de los centros de datos y del vehículo eléctrico está acelerando la inversión en energías limpias, reactores modulares y geotermia, mientras que las utilities incorporan IoT y redes inteligentes para optimizar la generación y la distribución.
En telecomunicaciones, donde la energía representa uno de los principales costes operativos, mejorar la eficiencia puede suponer ahorros de decenas de millones de euros anuales, sin afectar a la experiencia del usuario. Un ejemplo de ello es la colaboración entre Vodafone UK y Ericsson, que ha permitido reducir el consumo diario hasta un 33 % en algunos emplazamientos 5G de Londres y alcanzar ahorros de hasta el 70 % en horas de baja demanda mediante soluciones de IA y aprendizaje automático.
En base a todo ello IFS anticipa que la IA dejará de ser una “función” aislada para convertirse en una capa invisible y estándar de la operación industrial. La verdadera ventaja competitiva ya no será “usar IA”, sino lograr que esta mejore el rendimiento de forma eficiente, liberando a las personas para centrarse en decisiones y no en datos.










