jueves, octubre 22, 2020
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La empresa del siglo XXI: o es digital o… ¿no es empresa?

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Hablar de una empresa que no haga de las herramientas tecnológicas parte activa de su negocio supondría remontarse a otras épocas. Inmersos en la actual vorágine empresarial, con una competencia cada vez más agresiva, las TIC se convierten en una herramienta absolutamente imprescindible para que la empresa sobreviva. Unas más que otras, lo que está claro es que la adopción de la tecnología en temas como la movilidad, el big data, el almacenamiento o el cloud no es una opción, ahora se ha convertido en una obligación para las empresas. Avansis, Strato, QlikView y el analista independiente Félix Benavides hablaron del panorama tecnológico.

 

Empresa digital versus tradicional

“Hoy en día no se concibe una empresa si no está digitalizada. Si no es así, tiende a desaparecer o estará abocada a dar servicios muy básicos al mercado. No hay opción: la empresa actual no se entiende sin digitalización”. José Antonio Miguélez, director presales de QlikView, resume perfectamente cuál debe ser el perfil de una empresa que no quiera perder el ritmo de mercado en el siglo XXI. La adopción de la tecnología y su armonía en asuntos como la movilidad, el big data o el cloud no es una opción: es una obligación. “La digitalización es absolutamente necesaria para las empresas pero también es esencial decidir por qué y cómo se lleva a cabo”, completa. “Si una empresa quiere crecer de verdad, debe tener las TI en el corazón de su negocio”.

En un panorama como el actual, todas las empresas, en mayor o menor medida, deben adoptar la tecnología. “En ciertos nichos de mercado”, comenta Jesús Martínez, responsable de comunicación de Strato España, las empresas tradicionales convivirán con compañías plenamente digitales; aunque seguro que muchos de los procesos de negocio de esas empresas tradicionales estarán marcados por la tecnología”. A su juicio, hasta una pequeña farmacia o una zapatería deben aprovechar todas las ventajas que ofrece la tecnología “porque si no se quedarán atrás”.

Una armonía con lo digital y lo tecnológico que en el seno de la empresa debe ser orquestada y decidida por… ¿quién? En principio, ese rol le correspondía al responsable de tecnología de la empresa; algo que con la explosión de la tecnología ha cambiado. “Esta decisión está recayendo en los responsables de las diferentes líneas de negocio”, apunta Ignacio Manterola, gerente de cuentas de Avansis. “En una decisión informática pueden intervenir, en muchas ocasiones, 5 ó 6 personas: el director de comunicación, el responsable de marketing, el profesional que gestiona la herramienta de inteligencia de negocio, etc.”. Un “nuevo” consenso en el que el responsable de tecnología sigue desempeñando un papel esencial. “Aunque las decisiones las tomen las diferentes líneas de negocio, es fundamental que el CIO esté en el consejo de dirección”, recuerda Félix Benavides, analista independiente. “Tiene que entender y ser parte proactiva del negocio: ser el consultor de los responsables de las diferentes líneas de negocio”. En su opinión, este hecho diferencia a la empresa digital de la tradicional. “Todas las empresas, antes o después, acabarán siendo digitales; unas de forma proactiva —por lo que serán más competitivas— y otras lo serán “a rastras”.

Uno de los rasgos que señalan el camino de una empresa hacia el ámbito digital es que la toma de decisiones esté apoyada en la tecnología. Ciertamente, resulta vital para una compañía adoptar decisiones que le ayuden a crecer y hay herramientas inteligentes que pueden mejorar estos procesos. “La digitalización produce cada vez más información, en los sistemas internos y externos de la empresa, susceptible de ser analizada. Y es una información desestructurada que necesita de tecnologías adecuadas para su análisis”, pinta el panorama José Antonio Miguélez, de QlikView. La mejor solución pasa por automatizar estos procesos. “El objetivo último es tomar decisiones para el beneficio de la empresa y evolucionar de manera adecuada la estrategia”. Un análisis y una decisión que no pasa por los tradicionales informes estáticos sino por tener herramientas que permitan al usuario explorar y analizar para tomar decisiones. El responsable de preventa de QlikView asegura que estas herramientas inteligencia de negocio, antes accesibles sólo para una reducida capa de las organizaciones, se ha “universalizado”. “Se trata de llegar a más capas de negocio a través de herramientas que permitan un análisis mucho más completo”.

Otro rasgo que pinta el panorama “digital” es el hecho de que el cliente parece ir, en algunos casos, por delante de las empresas y de posibles adopciones digitales. Un ejemplo claro es el famoso y omnipresente fenómeno BYOD (Bring your own device). Félix Benavides lo califica de “completamente disruptivo”. “Es uno de los retos más importantes que se plantean en la actualidad, con los riesgos que conlleva para las empresas en materia de seguridad. La empresa debe ser suficientemente permeable para admitir el uso empresarial de los dispositivos personales a través de una adecuada políticas”. E, incluso, viendo el auge de las aplicaciones, Benavides vaticina que en un tiempo no muy lejano, más que BYOD se empezará a hablar de “BYOA”: Bring your own application”.

Precisamente el desarrollo de este mercado de las aplicaciones abre numerosas oportunidades. Y también son los usuarios los que pueden “tirar” de ellas. “Los clientes nos van a dar la oportunidad para crecer a partir de este desarrollo”, explica Jesús Martínez, de Strato. “Las nuevas generaciones son completamente nativas en materia digital, lo que hace que manejen con naturalidad muchas tecnologías. Por tanto, se abre un mercado enorme de oportunidades y no sólo en materia de aplicaciones, sino en muchos otros campos, como la seguridad, por ejemplo”.

 

Panorama en España

Y en España… ¿Cómo está el panorama tecnológico en la empresa y en qué momento digital se encuentra? Jesús Martínez cree que depende del sector y del tamaño. Al estar más vinculada Strato con el mercado de los pymes, el responsable de comunicación reconoce que los pequeños negocios y los autónomos se encuentran a bastante distancia tecnológica de las grandes empresas. “España todavía se encuentra a cierta distancia de los países punteros”.

Parece que no hay un sector que se puede situar como la locomotora que tire del tren de las TIC. Ignacio Manterola, de Avansis, apunta que en muchos foros se está recomendando que debería ser la Administración quien adoptara este papel de punta de lanza. “Sin duda, es un segmento de mercado que cuenta con más áreas de mejora”.

Ahora bien, Félix Benavides recuerda que tradicionalmente el primer sector en adoptar la tecnología en España era el financiero. Una tradición que parece estar mutando. “El segmento de la logística, la distribución y el retail es un tsunami”, revela. “Están adoptando la tecnología digital en toda su cadena productiva: desde los sistemas de pedido hasta el control, el seguimiento o geolocalización de flotas, por ejemplo. Antes no era tan proactivo y ahora es brutal la adopción de la tecnología que está haciendo”.

Otro “sector” puntero es el grupo de empresas nacionales que ha apostado por la internacionalización. “Son las empresas que mejor están posicionadas y las que apostaron por la tecnología en este proceso”, asegura José Antonio Miguélez, de QlikView. “Tuvieron que competir en mercados extranjeros; por tanto, o iban con una apuesta moderna o no hubieran conseguido nada”.

 

Centros de datos profesionales… y seguros (cuadro en pag 3)

El papel del centro de datos, sea externo o interno, se torna cada vez más importante en este escenario digital. La “proliferación” de este tipo de instalaciones ha abierto muchas más posibilidades a las empresa a la hoara de alojar en ellos su infraestructura. Jesús Martínez, de Strato, lógicamente, dada la actividad de hosting de la empresa, asegura que para resulta más económico externalizarlo. “Mantener estos centros de datos, alojados en la empresa, con el mantenimiento, la gestión y la refrigeración adecuadas, es más caro que si se externaliza. Con ella, la empresa se puede centrar en el desarrollo de su negocio sin tener que preocuparse de la configuración de su centro de datos”.

Unos centros de datos que deben cumplir una máxima: la profesionalización. “Cada vez en más crítico poner la tecnología en manos de personas profesionales y firmar los SLAs más exigentes que se pueda”, aconseja. Y, sobre todo, por la seguridad. “La atomización de los centros de datos representa el talón de Aquiles para la seguridad: cuanto más profesional es un centro de datos, más exigentes podemos ser como clientes en todas las capas: servidor, centro de datos, sistema operativo, base de datos, etc. No puedo renunciar a ninguna de ellas”.

 

Redes sociales

La empresa digital no es ajena a la “explosión” de las redes sociales. Félix Benavides asegura que ya nadie duda de que la empresa debe estar en las redes sociales como hace años “no se dudaba de estar en Internet”.

Unas redes sociales que van mucho más allá del uso del Facebook o el Twitter; y que alcanzan diferentes entornos: el privado, con un carácter corporativo; y el plenamente “social”. “En el lado privado, una red social te ayuda, básicamente, a la gestión del conocimiento. Resulta fundamental su carácter colaborativo. Todo el mundo suma y la compañía puede tener un conocimiento exhaustivo de sus empleados. E incluso es muy  útil para el descubrimiento de líderes y grupos de relación”, apunta Ignacio Manterola, de Avansis. Unas redes con un componente privado que conviven con “entes mixtos”. Manterola explica que en Avansis han introducido el uso de Facebook y Twitter como elementos de gestión y de buen gobierno de las “ciudades inteligentes” a través de una aplicación que integra estas dos resdes sociales en la gestión de incidencias de una ciudad. “Bien gestionada va a permitir recoger de primera mano el sentir de la ciudadanía y extraer estadísticas a partir de las incidencias, mejorando el control y la solución”.

La utilidad de las redes sociales alcanza diferentes enfoques. José Antonio Miguélez, de QlikView, recuerda su cáracter “bidireccional”. “Está clara su función de comunicación hacia el exterior, pero hay que recordar también el otro uso: ver lo que está pasando fuera, recopilar esa información y utilizarla en mi beneficio para mejorar el negocio de la empresa”. Lógicamente las herramientas de inteligencia de negocio vuelven al primer plano tecnológico. “Hay una oportunidad enorme para todas las empresas: leen la información que se publica en múltiples redes sociales acerca de ellas y de sus productos y a partir de ahí realizan un análisis de sentimiento”, relata. “Es una escucha activa: qué se dice para saber cuál tiene que ser el mensaje”.

Estar en una red social lleva implícito un objetivo. “Hay que tener muy claro por qué se quiere estar y desarrollar una estrategia muy vinculada con las actividades de marketing, comunicación y de desarrollo estratégico de la empresa”, recuerda Jesús Martínez, de Strato. “Muchas empresas publican en su red social mensajes que no tienen un contenido profesional”, confirma. “Es fundamental dar un contenido útil; generando confianza y creando un feed back con los usuarios; no desarrollar una mera página de quejas, con respuestas a las mismas”. Y asegura, en detrimento de muchas prácticas empresariales, que contar con una página con muchos seguidores “no implica más negocio para la empresa”.

El mensaje social, como asegura Félix Benavides, está claro: “Es mejor no estar en las redes sociales que estar mal”. Y recomienda que en cualquier estrategia social que se precie hay que saber encajar y responder de manera adecuada cualquier crítica. “Todos conocemos casos de community managers que, posiblemente presionados por la dirección, han contestado auténticas barbaridades ante una crítica; por lo que el resultado ha sido mucho peor. Hay que estar muy preparado para realizar esa escucha activa, ponerla en positivo y tomar decisiones razonables”.

 

A vueltas con el retorno de la inversión… y el coste

La contracción de la inversión que ha provocado la crisis ha elevado el valor crítico que tiene el coste de un proyecto tecnológico. El precio, vaya. José Antonio Miguélez, de QlikView, recuerda que al mercado le cuesta mucho invertir en intangibles porque, a primera vista, el cliente no observa un retorno directo. “La clave es medir este retorno y, en base a él, el coste deja de ser lo más importante para que cobre más importancia lo que se obtiene. La clave no es que lo cueste sino qué queremos hacer con ello; contar con una estrategia respecto a la tecnología”.

Jesús Martínez, de Strato, asegura que la tecnología, como tal, no es cara. “Obviamente depende de la envergadura del proyecto y de la empresa, pero no tiene un coste elevado”. Aunque puntualiza. “Lo que sí imprime un coste superior son las aplicaciones que aportan inteligencia y un mayor valor añadido como, por ejemplo, una herramienta de inteligencia de negocio”. Por tanto, habría que diferenciar, destaca, “entre la infraestructura, que no es cara; y el valor añadido de las herramientas para analizar la información”. Una premisa que completa, con claridad, Ignacio Manterola, de Avansis. “Lo caro no es la tecnología sino el mal uso que se hace de ella”.

En el cálculo de este coste, cobra un protagonismo especial el término, repetido a la saciedad, del retorno de la inversión; el famoso ROI. Un término que Félix Benavides considera que, como argumento comercial, ha sido vapuleado a lo largo de los años por todos los actores que participaban en el proceso de comercialización de la tecnología. “Ahora se torna obligatorio, y no como sucedía antes, que haya un responsable que se haga cargo, de principio a fin, del objetivo que tiene el uso de esa tecnología y de cuál va a ser el retorno de la inversión de la misma”, explica. “Ahora, cuando te refieres al ROI en un cliente, éste ya no se lo cree”.

Un retorno de la inversión cuyo cálculo corresponde al cliente. José Antonio Miguélez, de QlikView, recuerda que el ROI se ha utilizado como estrategia comercial y que el comercial ayudaba a hacer el cálculo de ese retorno. “Esta tarea debe recaer en el cliente, que es quien decide realizar la inversión y determina qué beneficios le reporta la misma”.

Un proceso en el que la información y la comunicación entre el proveedor y el cliente debe ser máxima. En opinión de Ignacio Manterola, de Avansis, el cliente cuenta con mucha más información que el proveedor o el integrador que acude a visitarlo para desarrollar un posible proyecto. “El “Internet de las cosas” nos permite contar con mucha información acerca de la competencia, el ámbito en el que nos movemos, etc. Lo que permite, por ejemplo, que cuando se ofrece al cliente una determinada solución, éste ya tiene información detallada sobre 5 ó 6 más”.

 

Y la nube… (cuadro en pag 4)

Lógicamente hablar de tecnología sin referirse a la nube se torna en una tarea complicada. Un modelo que, a juicio de Ignacio Manterola, de Avansis, supera alguna de las barreras que se colocan para la adopción de la tecnología. A su juicio, la lista de beneficios es muy larga. “La nube permite a la empresa soportar, gestionar, asegurar su infraestructura, gozar de la máxima disponibilidad e ir creciendo a medida del negocio”, enumera. “La nube permite a las empresas abordar proyectos que de otra manera serían muy costosos, y no sólo desde el punto de vista económico, sino también en el tiempo”.

También es muy partidario de ella Félix Benavides. En su opinión, hay dos factores esenciales. Uno es la flexibilidad. “La empresa cuenta, en cada momento, con la cantidad de TI que necesita”. El otro es el pago por uso. “Es una inversión muy efectiva”. Según explica, las empresas cuentan con una necesidad de TI “estable” y además tienen que hacer frente a los “picos” puntuales, “que si se cubren de manera adecuada pueden promover mucho negocio”. Lo que ha permitido la nube es “una completa capacidad de transferir cargas de trabajo, de manera dinámica y en caliente, de unos lugares a otros”, completa.

Jesús Martínez, de Strato, recuerda que con esta fórmula es posible habilitar o no los recursos que proporciona la máquina. “En cada momento, con los servidores en la nube, podemos determinar cuánta RAM se utiliza, a qué horas se trabaja, si una máquina se enciende o no, etc”. La compañía acaba de lanzar en Alemania una fórmula por la que es posible comprar unos créditos que permiten un consumo determinado del servidor. “El ahorro es enorme y el secreto reside en saber lo que necesitas en cada momento”.