Las grandes tecnológicas estadounidenses como Google (Alphabet), Meta, Netflix, Microsoft y Amazon no estarán sometidas a regulaciones estrictas en la próxima reforma del marco digital de la Unión Europea, pese a las presiones ejercidas por las compañías de telecomunicaciones. Así lo han señalado fuentes con conocimiento directo del asunto a Reuters, que apuntan a que Bruselas optará por un enfoque más flexible para estos gigantes tecnológicos dentro de su nueva iniciativa legislativa.
Henna Virkkunen, comisaria europea de Tecnología, presentará el próximo 20 de enero la propuesta conocida como Digital Networks Act (DNA), cuyo objetivo es reforzar la competitividad europea y estimular la inversión en infraestructuras de telecomunicaciones. A diferencia de las obligaciones vinculantes que deberán cumplir los operadores de telecomunicaciones, las grandes plataformas digitales quedarán sujetas únicamente a un marco voluntario de cooperación y buenas prácticas, coordinado por el organismo regulador europeo de las telecomunicaciones (BEREC).
Según las fuentes, este modelo no impondrá nuevas obligaciones legales a las tecnológicas, sino que fomentará el diálogo y la colaboración en aspectos clave del ecosistema digital. El planteamiento llega en un contexto de tensiones transatlánticas, después de que Estados Unidos haya criticado en repetidas ocasiones la normativa tecnológica europea por considerar que apunta de forma desproporcionada a las empresas estadounidenses, acusaciones que la Comisión Europea ha rechazado de manera tajante.
La reforma también abordará cuestiones estructurales del sector, como la duración de las licencias de espectro radioeléctrico, las condiciones para su venta y una metodología de precios que sirva de guía a los reguladores nacionales en las subastas, que pueden generar miles de millones de euros para los Estados miembros. El objetivo es armonizar la asignación de espectro en los 27 países de la UE y reducir la carga regulatoria sobre las operadoras, aunque algunos reguladores nacionales podrían percibir la iniciativa como una cesión de competencias a Bruselas.
Además, la Comisión Europea ofrecerá orientaciones sobre el despliegue de infraestructuras de fibra óptica, consideradas esenciales para cumplir los objetivos digitales comunitarios y reducir la brecha con Estados Unidos y China. El borrador del DNA también contempla la posibilidad de que los gobiernos amplíen más allá de 2030 el plazo para sustituir las redes de cobre por fibra, siempre que acrediten que no están preparados para completar la transición a tiempo.
Tras su presentación, la propuesta deberá ser negociada con los Estados miembros y el Parlamento Europeo en los próximos meses antes de convertirse en ley, en un proceso que será clave para definir el equilibrio entre regulación, inversión y competitividad en el mercado digital europeo.










