Como es tradición, el Rey Felipe VI presidió la cena de bienvenida del Mobile World Congress (MWC), que se celebra esta semana en Barcelona y marca además el vigésimo aniversario de la celebración del congreso en la Ciudad Condal.
Durante su discurso, reivindicó el papel del congreso como motor de innovación y como espacio de reflexión ética en plena transformación digital. “Celebramos hoy dos décadas del MWC en Barcelona. Veinte años desde que esta ciudad asumió, con visión y determinación, el reto de convertirse en capital de la conectividad”, afirmó el Rey, quien evocó al poeta Antonio Machado y su “se hace el camino al andar” para subrayar la evolución del evento. Felipe VI agradeció expresamente la labor de la GSMA, la Mobile World Capital Barcelona y Fira Barcelona, así como el compromiso de la ciudad, “dinámica y creativa”, que ha sabido proyectar el congreso con “ambición y responsabilidad”.
En su intervención, el jefe del Estado destacó que el mundo no solo vive “una era de cambios”, sino “un cambio de era”, marcado por el impacto de la inteligencia artificial en los procesos productivos, los modelos de negocio y los perfiles profesionales. “Como ocurrió con la imprenta, la IA exige comprensión, adaptación y responsabilidad”, señaló. Bajo el lema “The IQ Era”, esta edición del MWC aborda desde la movilidad del futuro hasta la computación cuántica y las nuevas redes de conectividad. No obstante, el Rey advirtió de que el avance tecnológico debe ir acompañado de un marco ético claro: “Vosotros, los innovadores, tenéis los medios y la capacidad de crear, pero también la responsabilidad de prever riesgos y garantizar que la tecnología sirva al bien común”.
Felipe VI vinculó esta reflexión al contexto geopolítico actual. Recordó que, cuatro años después del inicio de la guerra en Ucrania, “sigue sin haber un camino claro hacia la paz”, y alertó sobre la escalada de tensión en Oriente Próximo. “La tecnología, y conviene recordarlo en un foro como este, debe ser una herramienta no para la división, sino para la conexión; no para la exclusión, sino para el desarrollo; y no para la confrontación, sino para la paz”, afirmó. El monarca concluyó llamando a que la conectividad sea “una palanca de progreso, cohesión y bienestar”, y subrayó que el verdadero progreso “no se mide solo en velocidad o capacidad de procesamiento, sino por su contribución a la libertad, la dignidad humana y la convivencia entre los pueblos”.











