La banca española ha comenzado 2026 con buenos resultados y, en algunos casos, de récord. Sin embargo, más allá de los beneficios, el primer trimestre confirma una tendencia que lleva años gestándose en el sector financiero y que no es otra que la digitalización empieza a tener un impacto medible en las cuentas de las principales entidades bancarias. La cuestión es si ese impacto es ya relevante o sigue siendo complementario.
En términos absolutos, el arranque de año ha sido especialmente positivo. Banco Santander obtuvo un beneficio atribuido de 5.455 millones de euros en el primer trimestre, impulsado en parte por la venta de su filial en Polonia, mientras que su beneficio ordinario (que refleja mejor la evolución del negocio) alcanzó los 3.560 millones, un 12 % más. Por su parte, BBVA ganó 2.989 millones de euros, un incremento del 10,8 %. CaixaBank obtuvo 1.572 millones, un 7 % más, y Bankinter alcanzó los 291 millones, una subida del 7,6 %.
Atribuir una parte concreta de estos beneficios a la digitalización es, sin embargo, complejo, ya que las entidades no desglosan el impacto tecnológico de forma directa en sus cuentas. No obstante, existen indicadores como el ahorro de costes, la mejora de la eficiencia, la captación digital de clientes o los incrementos de productividad derivados del uso de inteligencia artificial, que pueden arrojar luz sobre la importancia de la digitalización y confirman que los bancos avanzan en su transformación tecnológica, aunque con ritmos y objetivos distintos.
La digitalización como palanca de eficiencia
El caso de Banco Santander es probablemente el más representativo de la digitalización como palanca de eficiencia. La entidad ha logrado reducir sus costes un 3 %, hasta 6.484 millones de euros, en un entorno de elevada inflación. Detrás de esta mejora está el despliegue de plataformas globales y modelos operativos comunes dentro de su estrategia de transformación. El resultado es una ratio de eficiencia del 42,8 %, tres puntos mejor que un año antes, y un aumento del margen neto del 10 %.
La digitalización se está consolidando como herramienta de crecimiento comercial
Detrás de estas cifras hay un cambio en cómo funciona el banco. La tecnología permite escalar el negocio sin aumentar proporcionalmente los costes. En el caso de Santander, además, este modelo se apoya en negocios digitales como Openbank o su ecosistema de pagos, que incrementan el volumen de clientes (176 millones) y la actividad sin necesidad de ampliar la red física.
Una aproximación distinta, pero con efectos similares, es la de Bankinter. La entidad presenta una de las ratios de eficiencia más bajas del sector, en el 35,4 %, apoyada en un control estricto de costes, simplificación organizativa y el uso de inteligencia artificial en los procesos internos. A diferencia de otros bancos, su digitalización no se basa tanto en grandes plataformas visibles, sino en la optimización del funcionamiento interno. El resultado es una mejora sostenida de márgenes y rentabilidad, con un ROTE del 20 %.
Además, la digitalización se está consolidando como herramienta de crecimiento comercial. CaixaBank ofrece uno de los ejemplos más claros. Su neobanco imagin se ha convertido en una de las principales vías de captación, hasta el punto de que aproximadamente el 50 % de los nuevos clientes en España llegan a través de este canal. Con cuatro millones de usuarios, imagin no solo amplía la base de clientes, sino que también permite al banco competir en segmentos más jóvenes y digitales.
Este crecimiento convive con un modelo híbrido, en el que la red física sigue siendo relevante (más de 4.500 oficinas), pero se apoya en una plataforma omnicanal que mejora la experiencia del cliente y refuerza la vinculación. En este sentido, la digitalización no sustituye al modelo tradicional, sino que lo complementa y lo amplía.
Más avanzada en el uso de tecnología como motor interno es la estrategia de BBVA. La entidad ha intensificado la aplicación de inteligencia artificial en múltiples áreas, desde la atención al cliente hasta el desarrollo de software o la gestión de riesgos. Según sus propios datos, estas herramientas permiten ahorrar entre dos y tres horas semanales por empleado, reducir un 30 % el tiempo de resolución de reclamaciones o acelerar un 50 % el desarrollo de código en ciertas plataformas.
Este tipo de mejoras apunta a un cambio profundo en la productividad bancaria. Sin embargo, su impacto en la cuenta de resultados es todavía indirecto. El crecimiento del beneficio de BBVA (un 10,8 % en el trimestre) sigue estando impulsado principalmente por el dinamismo del crédito y el aumento del margen de intereses.
Dependencia del negocio tradicional
Ahí reside uno de los principales límites actuales de la digitalización en el sector. A pesar de los avances, los ingresos continúan dependiendo en gran medida de factores tradicionales como el volumen del negocio, los tipos de interés o la diversificación geográfica. En Santander, por ejemplo, el crecimiento se apoya en su presencia internacional; en BBVA, en mercados como México; y en CaixaBank, en la evolución de los recursos de clientes y el crédito.
A pesar de los avances, los ingresos continúan dependiendo en gran medida de factores tradicionales
La otra cara de la moneda la aporta Banco Sabadell, que obtuvo un beneficio de 347 millones de euros en el trimestre, un 29,1 % menos, afectado por costes no recurrentes vinculados a su plan de prejubilaciones y ajustes en su perímetro. Aunque la entidad mantiene una evolución positiva del negocio, con crecimiento del crédito y de los recursos de clientes, su ratio de eficiencia se sitúa en el 52,2 %, claramente por encima de la de sus competidores.
Este caso ilustra que los procesos de transformación, incluidos los tecnológicos, no siempre tienen un impacto inmediato en los resultados. En el caso de Sabadell, los ajustes actuales buscan precisamente mejorar la eficiencia a medio plazo, con ahorros previstos en los próximos ejercicios, lo que refleja una fase distinta dentro del proceso de transformación del sector.
La tecnología, por tanto, actúa por ahora como un acelerador. Reduce costes, mejora la eficiencia y facilita el crecimiento, pero no sustituye a las fuentes clásicas de rentabilidad. Si se toma como referencia la reducción de costes o la mejora de la eficiencia, su impacto podría situarse ya en varios puntos porcentuales del beneficio, aunque sin un desglose oficial por parte de las entidades.
Con todo, el cambio de modelo ya está en marcha. La banca española avanza hacia estructuras más ligeras, con mayor capacidad de escalar servicios y de personalizar la oferta gracias al uso intensivo de datos y algoritmos. A medida que estas capacidades se traduzcan en nuevos productos, servicios o modelos de negocio, el impacto en los ingresos podría ganar peso.










