La escalada del conflicto en Oriente Medio ha encendido una señal de alerta en el sector tecnológico. Algunos analistas ya están advirtiendo de que la crisis introduce un nuevo foco de incertidumbre en un mercado que ya operaba en un entorno complejo, marcado por las tensiones económicas, el impacto reciente de la inflación y la carrera global por liderar el desarrollo de la inteligencia artificial.
IDC, por ejemplo, señala que la guerra añade una variable macroeconómica y geopolítica que podría influir en el ritmo de inversión tecnológica a nivel global. Según su estudio, el impacto potencial del conflicto se concentraría en seis ámbitos: la volatilidad de los precios de la energía, la resiliencia de la nube y los centros de datos, el impulso a infraestructuras digitales soberanas, el aumento del gasto en ciberseguridad, las tensiones en la cadena de suministro y el deterioro del sentimiento inversor de empresas y consumidores.
Otras firmas de análisis también han comenzado a evaluar las posibles consecuencias para la industria tecnológica. Gartner advierte de que la guerra en Irán podría elevar los riesgos para las infraestructuras digitales globales, intensificar las amenazas de ciberseguridad y generar nuevas tensiones en las cadenas de suministro tecnológicas y en los costes energéticos que afectan a centros de datos, producción de semiconductores y operaciones logísticas.
En un momento de fuerte expansión para la industria, impulsada por el despliegue global de infraestructuras de inteligencia artificial, la migración a la nube y los programas de transformación digital, la incertidumbre geopolítica podría introducir nuevas fricciones en ese crecimiento.
Previsiones de una guerra corta
Por ahora, los analistas trabajan con el escenario más probable; un conflicto regional limitado y de corta duración. IDC está concentrando sus modelos en un horizonte de menos de tres meses, dado el carácter todavía incierto y cambiante de la situación.
En ese escenario el efecto sobre el gasto mundial en tecnologías de la información sería medible, aunque moderado. El crecimiento global del sector podría situarse en torno al 9 % en 2026, ligeramente por debajo del 10 % previsto en el escenario base.
El motivo principal es que los grandes proveedores tecnológicos y de servicios digitales mantendrían sus planes de inversión, especialmente en infraestructuras para inteligencia artificial. Incluso en un entorno macroeconómico debilitado, el despliegue de centros de datos especializados en IA continúa siendo considerado estratégico por las grandes tecnológicas.
Donde sí podría sentirse el impacto es en el consumo de tecnología como las actualizaciones de dispositivos, las compras corporativas de hardware o las renovaciones de equipos que podrían retrasarse si regresan las presiones inflacionarias.
El conflicto en Irán podría ralentizar parte del gasto en tecnologías de la información
El efecto sería más visible en la propia región del conflicto. El gasto en tecnologías de la información en Oriente Medio y África alcanzó 155.000 millones de dólares en 2025, aproximadamente el 4 % del mercado global, y se espera que aumente un 5 % en 2026.
Sin embargo, en un escenario de conflicto regional de hasta tres meses, el crecimiento podría reducirse al 3-4 %, según las estimaciones de IDC. La caída reflejaría un deterioro temporal de la confianza empresarial y de los inversores.
El impacto, además, no sería homogéneo. Las economías con mayor dependencia de los ingresos petroleros o con mayor exposición logística a la región podrían experimentar efectos distintos. Los países del Golfo con mayor capacidad financiera probablemente mantendrían sus programas de digitalización pública, mientras que otras economías podrían posponer proyectos tecnológicos no esenciales.
Petroleo y energía, cómo afectan al sector
El primer canal de transmisión de la guerra hacia la economía digital es el más clásico: la energía. Tras la escalada militar, los precios del petróleo subieron entre un 7 % y un 8 %, acercando el crudo Brent al rango de 70-80 dólares por barril. El modelo macroeconómico de IDC se basa en un precio medio del petróleo entre 65 y 75 dólares, por lo que una prolongación del conflicto podría alterar significativamente el escenario. En un conflicto de tres meses, el petróleo podría moverse entre 75 y 85 dólares. Si la guerra se prolongara, los analistas contemplan precios cercanos a los 100 dólares o más.
Las tensiones en el suministro han intensificado estas preocupaciones. Según IDC, el cierre de una refinería de Saudi Aramco (que podría afectar a unos 500.000 barriles diarios) y la suspensión temporal de producción de gas por parte de QatarEnergy han provocado fuertes movimientos en el mercado energético europeo. En el caso del gas, los precios en Europa llegaron a subir entre un 40 % y un 50 % tras los primeros anuncios de interrupciones.
Para la industria tecnológica, estos cambios tienen efectos directos. Los centros de datos, la fabricación de semiconductores y la logística global son altamente intensivos en energía. Un aumento sostenido de los costes energéticos eleva el gasto operativo de toda la cadena tecnológica.
Además, si la inflación energética se consolida, los bancos centrales podrían retrasar las bajadas de tipos de interés, reduciendo la disponibilidad de capital para proyectos tecnológicos empresariales.
La guerra pone a prueba la resiliencia de la nube, la seguridad de los centros de datos y el despliegue de infraestructura de inteligencia artificial
La guerra también está poniendo a prueba la arquitectura técnica de la nube global. Por primera vez, varias regiones de infraestructura de grandes proveedores cloud operan dentro de un entorno de conflicto activo. Durante los primeros días de la crisis, ataques contra instalaciones de un proveedor global en distintas zonas de disponibilidad demostraron tanto la resiliencia de la arquitectura como su potencial vulnerabilidad.
Los analistas prevén que el uso de múltiples zonas de disponibilidad se convierta en el estándar mínimo para empresas y proveedores de software que operan en la nube pública. Asimismo, el despliegue en múltiples regiones geográficas podría consolidarse como práctica habitual para reducir riesgos operativos.
La inversión en centros de datos y almacenamiento seguirá siendo prioritaria, aunque el sector se enfrenta a sus propios obstáculos. Construir grandes infraestructuras digitales requiere años de planificación, fuertes inversiones y cadenas de suministro estables. La subida de los costes de construcción, la financiación más cara y posibles tensiones logísticas podrían ralentizar nuevos proyectos.
Previsiones del sector
A pesar de la incertidumbre, las previsiones continúan siendo más que importantes. Gartner estima que el gasto mundial en tecnologías de la información alcanzará 6,15 billones de dólares en 2026, con un crecimiento del 10,8 % respecto a 2025. Los principales motores serán la infraestructura para inteligencia artificial, los centros de datos y los servidores especializados.
Los centros de datos, en particular, podrían crecer más de un 30 % en 2026, impulsados por la expansión de la inteligencia artificial generativa.
En Oriente Medio y el Norte de África, Gartner prevé que el gasto en TI alcance 169.000 millones de dólares en 2026, con un crecimiento cercano al 8,9 %. La región sigue apostando por inversiones en inteligencia artificial, expansión de la nube, ciberseguridad y programas de digitalización gubernamental.
Por el momento, la guerra de Irán podría introducir turbulencias temporales, pero no parece capaz (al menos en el corto plazo) de frenar el impulso de la economía digital global. Si la guerra se prolonga, sin embargo, el impacto sobre la inversión tecnológica podría ser más significativo.










