La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología emergente para convertirse en un elemento central de la competitividad nacional y empresarial. Sin embargo, los cimientos de la IA, que van desde su potencia de cálculo, hasta los datos y los modelos, están concentrados en muy pocas manos, lo que genera dependencias críticas que afectan a la seguridad, la innovación y la competitividad, especialmente en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes.
Ésta es una de las principales conclusiones de un informe de Accenture que destaca que frente a estos riesgos surge la oportunidad de la IA soberana (Sovereign AI), la cual permite a organizaciones y gobiernos combinar tecnología global con innovación local, incorporando mecanismos de protección desde el inicio. Accenture señala que la IA soberana no solo aumenta la resiliencia, sino que genera valor local, acelerando el desarrollo tecnológico propio y reduciendo la dependencia externa.
Para evaluar la preparación de empresas y gobiernos en este ámbito, Accenture desarrolló el Sovereign Maturity Index, un indicador que mide la soberanía digital y de IA en una escala de 0 a 100. Según el estudio, el 61 % de las organizaciones encuestadas asegura que las tensiones geopolíticas las impulsan a buscar tecnología soberana.
El informe identifica cuatro prácticas que distinguen a las organizaciones líderes en IA soberana: asignar a la alta dirección la responsabilidad de integrar la IA soberana en la estrategia corporativa, transformar la soberanía de un enfoque de gestión de riesgos a una herramienta de creación de valor, ampliar su ecosistema combinando capacidades internas y externas, y diseñar infraestructuras que maximicen tanto la inteligencia como la resiliencia, más allá de la simple capacidad técnica.
Accenture concluye que aquellas organizaciones que adopten la IA soberana de forma temprana estarán mejor posicionadas para proteger sus activos críticos, reducir la dependencia tecnológica externa y acelerar la innovación local. En un mundo donde la IA define la competitividad, la soberanía tecnológica deja de ser opcional para convertirse en una estrategia de futuro imprescindible.











