La inteligencia artificial se consolida como uno de los principales motores de transformación económica a nivel global. Así lo ha destacado Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) durante su intervención en un foro internacional en Japón, donde ha subrayado el papel decisivo de esta tecnología en el crecimiento, la productividad y el futuro del empleo.
En su opinión, en un contexto marcado por la incertidumbre económica y geopolítica, la IA emerge como una de las fuerzas estructurales que están redefiniendo los mercados laborales y los modelos productivos, junto con los cambios demográficos.
Según Georgieva, la inteligencia artificial tiene un enorme potencial para impulsar la productividad, aunque su adopción también plantea importantes desafíos. Entre ellos, la sustitución de determinados puestos de trabajo y la necesidad de crear nuevos perfiles profesionales adaptados a esta transformación. “El reto no es solo tecnológico, sino también político”, ha destacado Georgieva, al advertir de que aprovechar plenamente los beneficios de la IA requerirá marcos regulatorios adecuados y estrategias públicas bien diseñadas.
En este sentido, Georgieva estima que, solo en Asia, la adopción de IA podría incrementar el crecimiento económico en hasta 0,8 puntos porcentuales anuales a medio plazo.
Durante el discurso ha destacado el caso de Japón como ejemplo de adaptación a esta nueva realidad. El país, tradicionalmente líder en automatización, busca ahora maximizar el impacto de la inteligencia artificial para mejorar la productividad y hacer frente a los desafíos derivados del envejecimiento de su población.
Georgieva ha puesto el acento en la interacción entre inteligencia artificial y demografía, calificándolas como “transformaciones gemelas”. Mientras que las economías envejecidas necesitarán más automatización para sostener su crecimiento, los países con poblaciones jóvenes deberán centrarse en la creación de empleo. Este equilibrio marcará el impacto de la IA en cada región, obligando a diseñar políticas diferenciadas para maximizar sus beneficios y mitigar sus riesgos.
Asimismo, Georgieva ha subrayado que el desarrollo de la IA debe ir acompañado de instituciones sólidas y marcos regulatorios eficaces. La tecnología, por sí sola, no garantiza mejoras en el bienestar: su impacto dependerá de cómo se gestione su implantación. En este nuevo escenario, los gobiernos deberán ser ágiles y anticiparse a los cambios, fomentando la adaptación de la fuerza laboral y asegurando que los beneficios de la IA se distribuyan de forma equitativa.










