domingo, diciembre 6, 2020
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Digitalización y cloud: una estrategia resiliente ante crisis sanitarias

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Lo que estamos viviendo en este año 2020 no ha tenido precedente en nuestra historia, al menos hasta donde cualquiera de nosotros puede recordar. Es la primera vez que las empresas de todo el mundo – a escala global –  están enviando a sus empleados a casa para frenar la propagación de la pandemia, lo cual se ha convertido en un “megaexperimento” también de dimensiones globales en el que vamos a descubrir qué sucede cuando millones de personas, de un día para otro, hacen la transición para trabajar de forma remota.

La capacidad de las empresas para convertirse en «oficinas virtuales» casi de inmediato se debe en gran parte a las impresionantes transformaciones tecnológicas que han tenido lugar durante la última década. Impulsadas por el desarrollo de modelos de computación y almacenamiento como servicio, la tecnología ha pasado de residir en instalaciones de las organizaciones a estar alojada en plataformas basadas en la nube. Esto ha permitido a los trabajadores acceder a datos, ejecutar análisis y colaborar con colegas de cualquier parte del mundo, incluidos los que están en sus hogares.

digitalización y cloud.-directortic-taieditorial-EspañaLa transformación digital aún no se ha culminado

La pandemia de COVID-19 nos muestra que esta transformación aún no se ha culminado. Las recientes inquietudes sobre la resiliencia de nuestras infraestructuras de red ante una demanda sin precedentes — tanto en el uso de Internet doméstico como de la red corporativa— demuestran que las redes son uno de los pocos cuellos de botella que quedan para culminar la verdadera transformación digital.

Sin duda, el mayor desafío es la complejidad de las redes corporativas actuales. Las redes modernas se han vuelto tan complejas que, incluso en condiciones normales, la tarea de mantener un servicio ininterrumpido y de calidad al tiempo que se solucionan problemas y se protege la red y los dispositivos individuales que se conectan a la misma resulta sencillamente abrumadora para el departamento de TI. Las redes representan un conjunto de funciones mucho más amplio que un sistema operativo informático normal o una instalación de almacenamiento de datos.

Gestionar una red implica atender a cientos de servicios diferentes, incluyendo  administración de direcciones IP y DNS para facilitar las conexiones de red, conmutación y enrutamiento para organizar el flujo de datos, equilibrar cargas y trafico, servidores proxy para mantener la fiabilidad, WiFi para proporcionar acceso móvil, firewalls para proporcionar seguridad y muchas otras funciones.

Tradicionalmente, muchas de estas funciones han sido realizadas por diferentes proveedores de redes, y aunque algunas han llegado a dominar un nicho particular o parte del ecosistema de red, ninguna compañía se ha convertido en un líder del mercado absoluto. Esta evolución ha dado como resultado un entorno de red que es ineficiente y necesita muchos recursos humanos para ser gestionado, y puede tener brechas de seguridad que dejan a los usuarios remotos expuestos a amenazas cibernéticas.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. Al igual que en el pasado la computación y el almacenamiento se adaptaron pronto a modelos “como servicio” y basados en la nube, las redes también pueden hacerlo, en todo lo relacionado con la gestión y configuración de la misma, lo que es especialmente interesante para entornos de teletrabajo y oficinas remotas. Los administradores de red pueden activar y desactivar funciones críticas automáticamente y según sea necesario para usuarios individuales y sucursales.

Las redes del futuro deberán diseñarse y desarrollarse para que sean intuitivas y fáciles de gestionar, fiables y seguras, lo que significa que necesitarán apoyarse en las tecnologías “cloud” para lograrlo. Virtualizar el software antiguo y ponerlo en la nube, como están haciendo algunos fabricantes de red, no resolverá el problema. Ese enfoque es simplemente un parche, consistente en disfrazar un software engorroso y costoso de mantener como si fuera una red “cloud” de última generación, pero realmente no lo es.

En realidad, abordar este desafío requiere un compromiso e inversión significativos para construir redes basadas en plataformas nativas “cloud”, que utilicen microservicios para aprovechar el poder del software de código abierto, tal como se hizo en los ámbitos de la computación y el almacenamiento, para conectar y proteger a los usuarios, ya estén accediendo a la red desde la oficina principal o desde su cuarto de estar.

Ciertamente, no existen atajos para construir estas plataformas de red nativas “cloud”, sin embargo la inversión merecerá la pena, porque la nube cambiará radicalmente la forma de entender las redes en un futuro próximo, y convertirá en obsoletos todos aquellos enfoques o empresas que no hayan dedicado los recursos necesarios para desarrollar plataformas de próxima generación.

El brote de COVID-19 ha puesto de manifiesto una debilidad importante en las infraestructuras de red que impulsará definitivamente la transformación digital. Centrarse en las redes y la seguridad dondequiera que esté el usuario, ya sea en una oficina física o en cuarentena en el hogar, será el desafío y la oportunidad para los fabricantes de soluciones de red del futuro.

Jesper Andersen

Presidente y CEO de Infoblox