La Comisión Europea publicó en junio de 2025 el Informe sobre el Estado de la Década Digital, que evalúa los avances de la transformación digital de la UE hacia 2030 y revela que los países europeos han comprometido 288.600 millones EUR en medidas digitales.
Según el informe, España se beneficia de una infraestructura digital sólida, que nos permite avanzar en nuestra transformación digital. Sin embargo, el documento también señala que el país registra un progreso moderado en la adopción de tecnologías digitales clave por parte de las empresas. En cuanto a la inteligencia artificial, se destaca el reto en la adopción de IA por parte de las pymes.
Esta disonancia entre infraestructura disponible y adopción efectiva sugiere que el verdadero desafío no es tecnológico, sino organizacional: sin una coherencia estratégica que articule cultura, procesos y personas, la inversión digital se puede traducir en un gasto con escaso retorno económico.
Algunos estudios, como el publicado por la Universidad Pontificia Comillas el año pasado, advierten que el riesgo de fracaso en iniciativas de transformación digital alcanza el 75% por la resistencia de los empleados, quienes perciben estas innovaciones como una «amenaza».
Detrás de esa resistencia continúa se esconde la idea de que la tecnología es una amenaza para el equipo en varias vertientes. Respecto a los puestos de trabajo porque los empleados deben aprender nuevas soluciones que no siempre son fáciles. En cuanto al aspecto social, porque sus compañeros (o incluso ellos) pueden ser reemplazados por robots y mermar el equipo. Por último, hacia su propia autonomía, porque parece que la tecnología podría llegar a tomar las decisiones por ellos.
Aun así, las empresas suelen ignorar esta situación a la hora de planificar sus programas tecnológicos y sus presupuestos.
En teoría, lograr la coordinación organizativa a la hora de adquirir, implementar y adoptar nueva tecnología es esencial. Pero en la práctica, esto resulta mucho más complejo. Lo hemos visto en muchos clientes que, antes de contactarnos, intentaron implantar por si solos una solución de negocio basada en nuevas tecnologías y apenas el 15% del equipo la utilizaba porque continuaban con sus antiguos procedimientos. Este hecho se debía, fundamentalmente, a una falta de coordinación, liderazgo y formación a la hora de implantar la nueva solución.
Esto lleva a que muchas empresas se desesperen por lo que supone en términos de perdida de oportunidades, inversión realizada y pérdida de tiempo de recursos críticos.

Entonces, ¿cómo pueden las empresas inmersas en la transformación digital facilitar la coherencia organizativa? Aquí os dejo mis cinco reglas de oro.
- Definir una visión y objetivos precisos.
Esto debe surgir de los responsables de tomar decisiones: los directivos de la empresa deben establecer la visión y los objetivos de cualquier nueva tecnología que quieran implementar, incluyendo una descripción exhaustiva de qué hará la tecnología, por qué es beneficiosa, cuándo se implementará y qué se exigirá a los empleados. Además, deben ser muy claros sobre cómo esta adopción influirá en los roles de los usuarios previstos y cómo también responderá mejor a sus necesidades. Algo que hemos observado con mucha frecuencia en el pasado es que muchos equipos directivos trabajan de manera aislada; deciden automatizar un proceso sin consultar a los mandos intermedios ni a las personas que se involucrarán en el proceso de adopción. Esto constituye una vía directa hacia el fracaso.
- Promover la colaboración entre departamentos.
La comunicación no puede restringirse únicamente a la dirección vertical; también debe establecerse entre departamentos y equipos. Todos deben disponer de la posibilidad de expresar su opinión, particularmente los usuarios finales. Se pretende involucrar a todos los departamentos: incluso si se espera que su participación sea baja (en ocasiones no llega al 40%), la perspectiva de cada uno contribuirá a generar una visión práctica para los procesos de implementación y adopción y el equipo tendrá, desde el principio, la sensación de que se está contando con ellos. Además, la participación de todos los departamentos de la organización permite a los directivos aprovechar la diversidad de conocimientos para abordar de manera integral cualquier desafío de la transformación digital
- Estimular una cultura de aprendizaje permanente.
Actualmente, casi todas las profesiones necesitan formación continua para mantenerse actualizados.
En la transformación digital, el software y procesos son personalizados y distintos a herramientas familiares como Word para los profesionales. Al principio suele ser frustrante hasta acostumbrarse. Por ello, es fundamental que las empresas estimulen esta cultura.
Todos deben entender que las cosas cambian —y deben cambiar— porque el mundo empresarial evoluciona constantemente. Las oportunidades de perfeccionamiento ayudan a los empleados a sentirse más valorados en el mercado.
- Integrar a los empleados en la toma de decisiones.
Hemos constatado un notable efecto psicológico en las organizaciones que incluyen a sus empleados en el proceso de decisiones sobre la implementación tecnológica. Involucrarlos en estas conversaciones —consultándoles sobre cómo se sienten, cómo utilizarían estas nuevas herramientas, qué necesidades tienen y cuándo es el mejor momento para implementar— facilita el proceso al otorgarles a los empleados un sentido de pertenencia hacia la decisión (en lugar de la sensación de que se les impone algo, sin considerar sus necesidades). Democratizar el proceso de decisiones mejora la moral de los empleados y ayuda a que todos se adhieran al proyecto mucho más rápidamente que si se les excluye.
- Integrar a la consultora como garantía del éxito del proyecto: seguimiento, medición y adaptación
Contar con una consultora experta es fundamental para el éxito del proyecto, ya que solo quien tiene experiencia en transformación digital puede garantizar un ciclo efectivo de formación, seguimiento, medición y adaptación.
El equipo directivo debe colaborar con la consultora durante todo el proceso para monitorizar la transformación mediante indicadores clave de rendimiento (KPI) definidos y consensuados.
Es necesario establecer mecanismos de retroalimentación y realizar ajustes basados en datos: supervisar, ajustar, modificar y adaptar continuamente.
Sin una consultora experta, el proyecto corre el riesgo de fracasar. Solo quien tiene experiencia puede establecer los KPI adecuados, implementar los mecanismos de seguimiento necesarios y realizar los ajustes basados en evidencia. Desperdiciar recursos por no contar con esta guía especializada es un error que hemos visto repetirse con demasiada frecuencia.
Al establecer un proceso claro de alineación organizacional antes de implementar grandes proyectos tecnológicos, las empresas pueden garantizar que sus esfuerzos no sean en vano y que su tiempo, recursos y presupuesto se utilicen de manera eficaz. La capacidad de una empresa para una transformación digital exitosa es fundamental para mantenerse a flote en el mercado, pero la mera adopción de soluciones, sin un proceso optimizado que la respalde, no es suficiente para que una organización prospere.
José Ignacio Camarena, director general de Right Decisions










