El mercado TI en la región EMEA seguirá creciendo en 2026, aunque lo hará en un entorno cada vez más exigente y marcado por cambios en la forma en que las empresas priorizan sus inversiones. Así lo señala Stephen Minton, vicepresidente del área de Data & Analytics de IDC, en el blog de la consultora.
Según Minton, el avance del sector ya no responde únicamente al aumento del gasto tecnológico, sino a una distribución más selectiva de los presupuestos, influida por el auge de la inteligencia artificial, la incertidumbre geopolítica y la creciente necesidad de resiliencia empresarial.
Aunque el gasto TI en EMEA continúa aumentando, la evolución del mercado refleja un cambio de prioridades. Mientras las inversiones en software, infraestructura y servicios tecnológicos siguen creciendo, el segmento de dispositivos registrará una caída durante 2026.
Este reajuste muestra una mayor cautela por parte de las organizaciones, que están revisando sus decisiones de inversión ante factores como la presión regulatoria, la volatilidad económica y las tensiones geopolíticas.
En este escenario, la inteligencia artificial se consolida como el principal motor de crecimiento del mercado. IDC prevé que el gasto en IA en EMEA alcance los 319.000 millones de dólares en 2026, lo que supondrá un crecimiento interanual del 19,2 %, muy por encima del conjunto del mercado tecnológico.
Más allá del volumen de inversión, la IA está cambiando la propia composición del gasto tecnológico. Las empresas han dejado atrás el debate sobre si deben adoptarla y ahora centran sus esfuerzos en cómo obtener valor tangible de ella de forma rápida y eficiente.
Además, el mercado entra en una etapa en la que la prioridad ya no es experimentar con inteligencia artificial, sino ampliar las iniciativas que ya están en marcha. Sin embargo, ese proceso está resultando más complejo de lo esperado.
Aunque cerca del 48 % de las organizaciones está invirtiendo en agentes de IA personalizados para automatizar procesos, el principal reto ya no es el interés por la tecnología, sino la capacidad de ejecución. La madurez de los datos, la infraestructura tecnológica, la gobernanza y la falta de talento especializado aparecen como los principales obstáculos para avanzar.
Si en una primera fase la inteligencia artificial se utilizó principalmente para mejorar la eficiencia operativa, ahora las expectativas se orientan cada vez más hacia el crecimiento. Según Minton, el 93 % de las organizaciones ya considera la IA una herramienta capaz de generar nuevos ingresos.
Este cambio supone un giro importante, ya que la tecnología deja de verse únicamente como una herramienta de ahorro para convertirse en un motor de innovación, nuevos servicios y oportunidades de negocio.
Asimismo, la resiliencia empresarial gana peso y se sitúa como la segunda prioridad para los directivos en EMEA, solo por detrás del crecimiento. Esta tendencia está modificando la forma en que las compañías despliegan tecnologías emergentes.










