Un estudio de Gartner destaca que cerca del 80 % de las organizaciones que están probando o desplegando capacidades de negocio autónomo ha reducido su plantilla. Sin embargo, estos recortes no se traducen necesariamente en una mejora del retorno de la inversión (ROI).
Es más, según el informe, las tasas de reducción de empleo son prácticamente iguales tanto en las empresas que aseguran que consiguen altos retornos gracias a estas tecnologías como en aquellas que registran resultados modestos o incluso negativos. Esto sugiere que los despidos no son un factor determinante para mejorar la rentabilidad en este ámbito.
El concepto de “negocio autónomo” se basa en el uso de herramientas como agentes de IA, automatización robótica de procesos (RPA), gemelos digitales o activos tokenizados. Estas tecnologías permiten avanzar desde modelos de simple automatización hacia sistemas más autónomos, donde tanto las máquinas como las personas ganan capacidad de decisión. No se trata, según la consultora, de eliminar el trabajo humano, sino de ampliarlo y reforzarlo.
“Muchos consejeros delegados recurren a los despidos para demostrar rápidamente el retorno de la inversión en IA, pero este enfoque es erróneo”, afirma Helen Poitevin, analista distinguida de la firma. “Reducir plantilla puede liberar presupuesto, pero no genera retorno. Las organizaciones que mejoran su rentabilidad no son las que eliminan personas, sino las que las potencian invirtiendo en habilidades, nuevos roles y modelos operativos que permitan a los humanos guiar y escalar sistemas autónomos”.
A largo plazo, el impacto podría ser el contrario al esperado. Gartner prevé que el negocio autónomo genere más empleo, impulsado por nuevas formas de trabajo que la inteligencia artificial no podrá asumir. En este sentido, la firma estima que el gasto en software de agentes de IA alcanzará los 206.500 millones de dólares en 2026 y los 376.300 millones en 2027, frente a los 86.400 millones registrados en 2025.
“En el largo plazo, el negocio autónomo creará más trabajo para las personas, no menos”, concluye Poitevin, quien subraya que factores estructurales como el envejecimiento demográfico o la necesidad de generar confianza en determinados servicios mantendrán el papel central del talento humano en la gestión y supervisión de estos sistemas.










