La inteligencia artificial está reconfigurando el papel del CIO en las grandes organizaciones. Ya no se trata únicamente de gestionar la infraestructura tecnológica, sino de rediseñar desde dentro cómo funcionan las empresas, cómo se organiza el talento y cómo se genera valor a partir de la tecnología.
Esta es una de las principales conclusiones de un informe de McKinsey & Company, que analiza cómo la irrupción de la inteligencia artificial agéntica está obligando a las compañías a replantear sus estructuras tecnológicas desde la base. Según la consultora, a medida que estos sistemas asumen más tareas, las empresas deben redefinir cómo contratan talento, qué capacidades desarrollan internamente y cómo estructuran sus relaciones con proveedores tecnológicos.
El informe subraya que esta realidad está situando al CIO en el centro del cambio organizativo. Su función trasciende el ámbito tecnológico y se integra cada vez más en la estrategia empresarial, en coordinación directa con la dirección general y los departamentos de recursos humanos.
Dos tercios de las compañías con mejores resultados cuentan con CIO muy implicados en la definición de la estrategia corporativa
A la hora de apoyar esta afirmación, McKinsey apunta a que dos tercios de las compañías con mejores resultados cuentan con responsables tecnológicos muy implicados en la definición de la estrategia corporativa, frente a algo más de la mitad en el resto de las organizaciones. Esta mayor integración refuerza la idea de que la tecnología ha dejado de ser un soporte para convertirse en un elemento esencial del negocio.
Tres decisiones para el CIO
Así las cosas, el nuevo entorno obliga a los directores tecnológicos a responder a tres grandes cuestiones: qué perfiles tecnológicos deben incorporar, qué capacidades deben desarrollarse internamente frente a aquellas que pueden ser asumidas por agentes de inteligencia artificial y qué tipo de relaciones con proveedores permiten generar un retorno real de la inversión. Las respuestas a estas decisiones determinan la forma en la que las organizaciones afrontan la transición hacia un modelo dominado por la automatización inteligente.
Además, McKinsey identifica cuatro grandes presiones que condicionan el trabajo de los CIO. La primera es la presión de costes, ya que las compañías deben reducir el gasto operativo a la par que incrementan la inversión en innovación. La segunda es el riesgo geopolítico, que complica la organización global de los equipos tecnológicos.
La tercera está vinculada a los proveedores, que deben demostrar retorno de inversión en un entorno en el que los modelos tradicionales de externalización pierden eficacia, mientras que la cuarta es la transformación del talento, con una competencia creciente por perfiles especializados en inteligencia artificial y una automatización que reduce determinadas funciones de desarrollo.
Impacto en el empleo tecnológico
Este último factor ya tiene efectos visibles en el mercado laboral. Grandes compañías tecnológicas como Amazon, Microsoft, Meta, Intel, Oracle o Capgemini, entre otras, han comenzado a ajustar sus plantillas al mismo tiempo que han anunciado importantes inversiones en inteligencia artificial y en la reorganización de sus modelos operativos. En muchos casos, estos movimientos no responden únicamente a un contexto de contención de costes, sino a una reconfiguración más profunda de cómo se diseña el trabajo tecnológico dentro de las organizaciones.
Este tipo de ajustes refleja una tendencia más amplia que está afectando al conjunto del sector. La automatización de tareas de menor valor añadido, especialmente en el desarrollo de software, el mantenimiento de sistemas o el soporte operativo, está reduciendo la demanda de ciertos perfiles tradicionales. Al mismo tiempo, se incrementa la necesidad de ingenieros senior, arquitectos de sistemas, especialistas en datos y profesionales con capacidad para diseñar, supervisar y coordinar entornos tecnológicos complejos.
El CIO del futuro no se limita a gestionar tecnología, sino que diseña la forma en la que se crea valor dentro de la organización
A esta evolución se suma un cambio cualitativo en la naturaleza del trabajo. La irrupción de sistemas de inteligencia artificial capaces de ejecutar tareas técnicas de forma autónoma está dando lugar a equipos híbridos en los que personas y agentes de IA trabajan de manera integrada. En este nuevo escenario, el valor diferencial se desplaza hacia la supervisión, la toma de decisiones y la capacidad de orquestar flujos de trabajo en los que la tecnología asume una parte creciente de la ejecución.
En este sentido, el mercado laboral tecnológico no solo se está ajustando en términos de volumen de empleo, sino también en su composición y en el tipo de competencias que resultan estratégicas.
De gestor tecnológico a diseñador organizativo
McKinsey señala que el CIO del futuro no se limita a gestionar tecnología, sino que diseña la forma en la que se crea valor dentro de la organización. Esto implica decidir qué trabajo realiza la inteligencia artificial, qué funciones requieren criterio humano y cómo se distribuyen las responsabilidades entre ambos.
Las compañías más avanzadas están reduciendo el volumen de contratación, pero aumentando la especialización. El foco se desplaza desde la cantidad de perfiles hacia su capacidad para orquestar sistemas complejos en los que humanos y agentes trabajan de forma conjunta.
Más allá de la contratación, el principal desafío está en el desarrollo de capacidades internas. Las empresas deben identificar qué habilidades son estratégicas y deben permanecer dentro de la organización, y cuáles pueden automatizarse o externalizarse.
Esto obliga a dejar atrás los modelos tradicionales basados en roles fijos y avanzar hacia estructuras centradas en competencias. El objetivo es construir organizaciones en las que la inteligencia artificial no sustituya al talento, sino que lo amplifique.
La inteligencia artificial no es únicamente una herramienta tecnológica, sino un factor que está redefiniendo la economía interna de las organizaciones
Un cambio que también alcanza a los proveedores
La transformación no se limita únicamente a la organización interna de las empresas, sino que también está modificando la relación con los proveedores tecnológicos. La consultora señala que los contratos basados en horas o recursos están dando paso a acuerdos centrados en los resultados y en el valor generado.
En este nuevo modelo, el CIO no solo adquiere tecnología, sino que gestiona ecosistemas de innovación en los que el retorno de la inversión depende de la integración entre plataformas, proveedores y sistemas de inteligencia artificial.
El informe de McKinsey concluye que la inteligencia artificial no es únicamente una herramienta tecnológica, sino un factor que está redefiniendo la economía interna de las organizaciones. Las decisiones sobre talento, capacidades y proveedores aparecen cada vez más interconectadas.
En definitiva, el papel del CIO se consolida como uno de los más estratégicos dentro de la empresa. Su capacidad para coordinar estas tres dimensiones será determinante no solo para la eficiencia tecnológica, sino para la competitividad global de la organización.











