Las empresas españolas encaran 2026 en un entorno de elevada complejidad, en el que la incertidumbre geopolítica, la presión sobre los costes y la aceleración tecnológica están redefiniendo las prioridades estratégicas. Según el informe Perspectivas 2026: previsiones económicas y empresariales de KPMG, la digitalización, la inteligencia artificial y la evolución del contexto internacional se consolidan como los principales focos de atención para los líderes empresariales.
En el plano macroeconómico, el sentimiento empresarial refleja una combinación de estabilidad y cautela. El 43 % de los directivos considera que la situación actual de la economía española es buena, lo que apunta a una base de crecimiento todavía sólida. Sin embargo, el 55 % anticipa que no habrá cambios significativos en los próximos 12 meses, lo que sugiere un escenario de crecimiento contenido, sin grandes palancas de aceleración y con una elevada dependencia de factores externos.
Este contexto está llevando a las compañías a reforzar su enfoque en la rentabilidad. La protección de márgenes se sitúa como prioridad absoluta, especialmente ante el impacto que la situación geopolítica sigue teniendo sobre los costes. La volatilidad en los precios de la energía, las tensiones en las cadenas de suministro y la incertidumbre en los mercados internacionales están obligando a las empresas a adoptar modelos de gestión más eficientes, con mayor control financiero y una revisión constante de sus estructuras de costes.
A nivel estratégico, esta presión está acelerando decisiones que van más allá del corto plazo. Muchas organizaciones están revisando sus modelos operativos, apostando por una mayor digitalización de procesos y por el uso intensivo de datos para mejorar la toma de decisiones. En este sentido, la inteligencia artificial deja de ser una apuesta a futuro para convertirse en una herramienta clave en la mejora de la productividad, la optimización de recursos y la anticipación de riesgos.
No obstante, los directivos advierten de riesgos estructurales que pueden lastrar la competitividad del tejido empresarial español. La pérdida de competitividad frente a otros mercados, la inseguridad jurídica y la creciente carga regulatoria aparecen como algunas de las principales amenazas. Estos factores no solo generan incertidumbre, sino que también condicionan la atracción de inversión, la innovación y la capacidad de las empresas para ejecutar estrategias de crecimiento sostenido.
Además, el nuevo equilibrio geopolítico está redefiniendo el papel de las empresas dentro de la economía europea. En este contexto, la inteligencia artificial y la autonomía energética emergen como prioridades urgentes para reforzar la autonomía estratégica de la Unión Europea. Las compañías no solo buscan ser más eficientes, sino también menos dependientes de factores externos, lo que impulsa inversiones en tecnología, diversificación de proveedores y sostenibilidad energética.
Además, el informe apunta a un cambio en la mentalidad empresarial: de la gestión reactiva a la anticipación. Las organizaciones más avanzadas están incorporando capacidades analíticas y predictivas que les permiten adaptarse con mayor rapidez a cambios en el entorno, identificar oportunidades y mitigar riesgos antes de que impacten en el negocio. Esta evolución se traduce en estructuras más ágiles, decisiones más informadas y una mayor alineación entre estrategia y ejecución.
En conjunto, 2026 se perfila como un año de transición en el que la aparente estabilidad macroeconómica convive con desafíos estructurales de gran calado. En este escenario, la capacidad de las empresas para combinar disciplina financiera, inversión en tecnología y adaptación al entorno regulatorio será clave para sostener la competitividad y garantizar el crecimiento a medio y largo plazo.











