Intel terminó 2025 sin grandes sobresaltos, pero tampoco con motivos claros para el entusiasmo. Los ingresos anuales se quedaron en 52.900 millones de dólares, prácticamente iguales a los de 2024, mientras que el cuarto trimestre cerró con 13.700 millones, un 4 % menos que un año antes. No es una caída dramática, pero sí suficiente para confirmar que el negocio sigue moviéndose en terreno plano, condicionado por un mercado de PC que no termina de recuperar pulso y por los cambios internos que la compañía ha ido acometiendo a lo largo del ejercicio, como la salida parcial de Altera.
Donde más se nota que Intel sigue en fase de ajuste es en los resultados. La compañía ha apretado el control del gasto (especialmente en I+D y costes operativos) y eso empieza a notarse en la eficiencia del negocio, aunque no lo suficiente como para evitar pérdidas contables en el trimestre. En términos ajustados, los números son más amables y apuntan a una mejora gradual, respaldada además por una generación de caja sólida. Aun así, el mensaje de fondo es claro: la recuperación avanza, pero a un ritmo lento y todavía frágil.
El reparto del negocio ayuda a entender mejor ese momento de transición. La división de PC continúa perdiendo peso, con un nuevo retroceso en el trimestre, mientras que el área de centros de datos e inteligencia artificial sigue creciendo y ganando protagonismo. No compensa del todo la debilidad del negocio tradicional, pero sí marca hacia dónde se está desplazando el centro de gravedad de Intel. La actividad de fabricación, agrupada en Intel Foundry, avanza de forma más discreta, aunque es clave en la estrategia a medio plazo, sobre todo con el impulso del nodo 18A y la apuesta por fabricar tecnología avanzada en Estados Unidos.
El inicio de 2026 no será sencillo. Intel prevé un primer trimestre flojo, tanto en ingresos como en resultados, afectado por limitaciones de suministro y presión sobre los márgenes. La compañía confía en que sea un bache temporal y en que la situación mejore a partir del segundo trimestre.
Con este telón de fondo, Intel intenta reforzar su posición para lo que viene. El lanzamiento de nuevos procesadores con capacidades de IA, los acuerdos con socios como Cisco y el refuerzo del balance tras la venta de acciones a Nvidia forman parte de una misma idea: ganar tiempo y estabilidad mientras trata de volver a ser relevante en un sector que ha cambiado más rápido de lo que a la compañía le habría gustado. El reto no está tanto en el rumbo, que parece claro, como en la capacidad de ejecutar sin que el mercado pierda la paciencia.











