Las amenazas de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, de romper las relaciones comerciales con España han vuelto a tensar el escenario económico entre ambos países y abren interrogantes sobre el impacto que podrían tener en sectores estratégicos como el tecnológico.
Durante la reunión de los países miembros de la OTAN, Trump ordenó a Scott Bessent, secretario del Tesoro, estudiar el corte del comercio con España al considerar que el Gobierno de Pedro Sánchez no está cumpliendo con los compromisos de gasto en defensa adquiridos en el seno de la OTAN. Según publica el New York Post, Trump llegó a afirmar que España es un “caso perdido” y aseguró que no quería «hacer más negocios» con el país, vinculando además sus críticas a la negativa de Madrid a elevar el gasto militar y a las restricciones impuestas al uso del espacio aéreo español durante las operaciones estadounidenses contra Irán.
No obstante, la posibilidad de un embargo comercial total presenta importantes obstáculos jurídicos y económicos. Reuters informa de que la Administración estadounidense ha encargado al Departamento del Tesoro, al Departamento de Comercio y a la Oficina del Representante Comercial la elaboración de un listado de productos españoles que podrían verse afectados, lo que apunta a que las medidas podrían ser selectivas y no una prohibición absoluta del comercio bilateral.
España y Estados Unidos mantienen una intensa relación económica. De acuerdo con los datos recogidos por Reuters, el comercio de bienes entre ambos países superó los 47.900 millones de dólares en 2025 y alcanza los 74.500 millones si se incluyen los servicios. Estados Unidos exporta a España principalmente productos farmacéuticos, petróleo, aeronaves civiles y maquinaria, mientras que importa medicamentos, equipos eléctricos, productos de cuidado personal, aceite de oliva, cerámica y otros bienes industriales.
Las relaciones van mucho más allá del intercambio comercial. Estados Unidos es el principal inversor extranjero en España, con más de 116.000 millones de euros de inversión productiva y alrededor de 200.000 empleos directos asociados, según los datos citados por Reuters. A su vez, las empresas españolas mantienen inversiones superiores a 97.000 millones de euros en territorio estadounidense.
El sector tecnológico, entre los más expuestos
Aunque ni Reuters ni el New York Post abordan específicamente el impacto sobre la industria tecnológica, este podría convertirse en uno de los sectores más sensibles ante una eventual escalada comercial.
Si las amenazas de Donald Trump acabaran traduciéndose en restricciones comerciales, uno de los sectores que seguiría con mayor atención su evolución sería el tecnológico. Estados Unidos no solo es el principal inversor extranjero en España, sino también el origen de buena parte de las grandes compañías que están impulsando la construcción de infraestructuras digitales estratégicas en el país.
En apenas tres años, España se ha convertido en uno de los principales destinos europeos para las inversiones en centros de datos e inteligencia artificial gracias a su posición geográfica, la disponibilidad de energías renovables y su papel como puerta de entrada al mercado europeo. La mayor parte de estos proyectos están liderados por multinacionales estadounidenses.
Amazon Web Services (AWS) protagoniza la mayor inversión anunciada hasta la fecha. La compañía comunicó en 2024 un plan para invertir 15.700 millones de euros en Aragón hasta 2033 para ampliar su región de centros de datos en Europa. En marzo de 2026 elevó ese compromiso hasta 33.700 millones de euros, convirtiéndose en la mayor inversión tecnológica realizada por la empresa en España y una de las mayores de Europa. La infraestructura está diseñada para dar soporte al crecimiento de la computación en la nube y de la inteligencia artificial en todo el continente.
Un deterioro de las relaciones comerciales entre Washington y Madrid podría frenar nuevas inversiones, encarecer la importación de tecnología y retrasar proyectos de expansión
Microsoft también ha situado a España entre sus mercados estratégicos. Tras la apertura de su región cloud en Madrid, anunció inversiones de 6.690 millones de euros para desarrollar nuevos centros de datos en Aragón durante la próxima década. La compañía considera estas instalaciones esenciales para responder al incremento de la demanda de servicios de inteligencia artificial y computación en la nube en Europa.
Oracle, por su parte, anunció una inversión superior a 1.000 millones de dólares para ampliar su infraestructura cloud en España con una tercera región de nube en Madrid y reforzar el desarrollo de capacidades de inteligencia artificial.
Google también ha reforzado su presencia en España con la apertura de su región de Google Cloud en Madrid y el desarrollo de nuevas iniciativas vinculadas a ciberseguridad e inteligencia artificial, además de convertir Málaga en uno de sus principales polos europeos en esta materia.
Este flujo inversor ha situado a España como uno de los mercados europeos con mayor crecimiento en infraestructuras digitales. Diversos análisis del sector estiman que solo los grandes proyectos anunciados por los principales operadores superan los 22.000 millones de euros de inversión y están transformando regiones como Aragón y Madrid en nuevos hubs europeos de centros de datos.
Con estos datos en la mano, un deterioro de las relaciones comerciales entre Washington y Madrid podría introducir incertidumbre sobre futuras inversiones, encarecer la importación de servidores, semiconductores y otros equipos tecnológicos estadounidenses o retrasar nuevos proyectos de expansión. No obstante, los analistas consideran poco probable que las grandes tecnológicas abandonen España. La mayoría de estas inversiones se realizan a través de filiales europeas y responden a estrategias de largo plazo para prestar servicios al conjunto del mercado de la Unión Europea, más que exclusivamente al mercado español.
El marco europeo limita un embargo
Reuters recuerda que cualquier intento de restringir el comercio con España se enfrenta además a un importante condicionante que no es otro que la política comercial corresponde a la Unión Europea y no a cada uno de sus Estados miembros.
Diversos juristas consultados por la agencia consideran complicado justificar legalmente un embargo total utilizando la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA), salvo que la Casa Blanca pudiera demostrar que España constituye una amenaza extraordinaria para la seguridad nacional estadounidense. El New York Post añade que una ruptura comercial también tendría costes para Estados Unidos, ya que afectaría al suministro de productos españoles de amplio consumo, como el aceite de oliva, el vino o determinados productos alimentarios, y podría alterar los compromisos comerciales alcanzados entre Washington y Bruselas.
Aunque las declaraciones de Trump elevan la incertidumbre, el escenario que hoy consideran más probable los analistas es el de medidas comerciales selectivas, como nuevos aranceles o restricciones sobre determinados productos, antes que una suspensión completa de las relaciones económicas. Un embargo total no solo afectaría a empresas españolas exportadoras, sino también a cientos de compañías estadounidenses implantadas en España, incluidas algunas de las mayores multinacionales tecnológicas del mundo, cuyas inversiones convierten al país en uno de los principales centros digitales del sur de Europa.











