La llegada del verano vuelve a poner a prueba la capacidad de las entidades financieras para gestionar sus redes de cajeros automáticos. El incremento del turismo, los desplazamientos entre regiones y la concentración de población en zonas vacacionales alteran los patrones habituales de retirada de efectivo y obligan a los bancos a reforzar la planificación de sus operaciones para evitar incidencias.
El desafío no parte de cero. Según el informe Hábitos y percepción de los españoles respecto al sector bancario 2026, el 53 % de los españoles afirma haberse encontrado alguna vez con un cajero sin efectivo, una circunstancia que, de acuerdo con especialistas del sector, puede intensificarse durante los meses de mayor movilidad.
La redistribución temporal de la demanda obliga a las entidades a ajustar la gestión de una infraestructura que, en los últimos años, ha reducido su presencia física como consecuencia del cierre de oficinas y de la racionalización de las redes. En este contexto, garantizar la disponibilidad de efectivo pasa a convertirse en un reto logístico y operativo, especialmente en destinos turísticos y en municipios con una menor densidad de sucursales.
Desde Auriga señalan que durante el verano aumenta el riesgo de que determinados cajeros agoten antes sus reservas de efectivo, al tiempo que se incrementan las incidencias técnicas derivadas del mayor uso de los terminales. A ello se suman los costes asociados a reposiciones extraordinarias y a una planificación menos eficiente de la distribución del efectivo.
«Garantizar el acceso al efectivo es un elemento esencial de la continuidad del servicio bancario y de la experiencia del cliente. Que falte o que se produzcan incidencias técnicas en momentos de alta demanda no solo tiene un impacto operativo, sino también reputacional», afirma Ángel Arenillas, Country Manager de Auriga para España y Portugal.
La compañía sostiene que este escenario está impulsando una evolución en la gestión de las redes ATM, con una mayor utilización de herramientas de análisis de datos, sistemas de monitorización en tiempo real y modelos predictivos para anticipar variaciones en la demanda. El objetivo es optimizar las rutas de reposición, reducir el efectivo inmovilizado y minimizar el riesgo de desabastecimiento sin incrementar de forma significativa los costes operativos.











