La crisis del mercado de memorias está transformando el negocio global del smartphone mucho más allá de una caída puntual de las ventas. Según los datos preliminares de IDC, los envíos mundiales descendieron un 6,7 % interanual en el segundo trimestre de 2026, hasta los 277,5 millones de unidades, pero el verdadero impacto está en el fuerte aumento del coste de la memoria, que se ha incrementado cerca de un 300 % respecto al año anterior y ya supone más del 65% del coste de fabricación de los dispositivos de gama baja. El resultado es una presión creciente sobre los márgenes y un cambio en la forma de competir.
Para los fabricantes con una oferta centrada en smartphones económicos, el problema ya no consiste únicamente en contener costes. El incremento del precio de los componentes reduce el margen para absorber el impacto sin trasladarlo al consumidor, mientras que elevar los precios dificulta la venta de dispositivos de marcas tradicionalmente asociadas a la gama de entrada. Según Nabila Popal, directora sénior de investigación de IDC, la disponibilidad de financiación hace que muchos compradores prefieran dar el salto a marcas premium cuando la diferencia de precio se reduce.
La situación beneficia a los fabricantes con mayor poder de negociación y capacidad para asegurar el suministro de memoria. IDC destaca que Samsung y Apple fueron los únicos integrantes del Top 5 mundial que aumentaron sus envíos durante el trimestre, ampliando además su cuota de mercado. Ambas compañías habían asegurado capacidad de suministro con antelación y operan en segmentos donde el peso de la memoria dentro del coste del dispositivo es menor, lo que les permite proteger mejor sus márgenes y responder con mayor flexibilidad a la presión sobre los componentes.
En el extremo opuesto, Xiaomi, OPPO y vivo aceleraron su caída interanual al mantener una fuerte exposición al segmento de menos de 200 dólares. Muchas compañías están recurriendo a modelos de generaciones anteriores o a versiones 4G para mantener precios competitivos, al tiempo que intentan aumentar el peso de dispositivos con mayor margen. Sin embargo, cambiar la composición del catálogo resulta más sencillo que convencer al consumidor de pagar más por marcas que históricamente han competido por precio.
Huawei fue la excepción entre los grandes fabricantes. La compañía registró un crecimiento interanual del 20,9 % gracias a una estrategia centrada en China, donde mantuvo los precios mientras otros competidores los incrementaban, reforzó las promociones y amplió su oferta para cubrir un mayor número de segmentos. El comportamiento de la compañía muestra que una combinación de marca consolidada y una política comercial bien ajustada puede amortiguar parte del impacto del aumento de los costes.
Para los equipos directivos del sector, la crisis de la memoria deja una enseñanza clara: la ventaja competitiva ya no depende solo de lanzar nuevos dispositivos o ganar cuota de mercado. La capacidad para asegurar componentes, negociar con la cadena de suministro, proteger la rentabilidad y mantener una oferta con mayor valor añadido está marcando la diferencia entre los fabricantes que ganan posiciones y aquellos que ven cómo el aumento de los costes limita su capacidad de crecimiento.










