Una de cada cuatro brechas de seguridad maliciosas se produce con ayuda de inteligencia artificial. Un 56 % más que el año pasado, confirmando que la IA se ha convertido en una de las principales herramientas de los ciberdelincuentes para acelerar sus ataques y aumentar su impacto económico. Así lo destaca el estudio IBM Cost of a Data Breach Report 2026, que sitúa el coste medio de este tipo de incidentes en 6 millones de dólares, alrededor de un millón más que la media mundial de 4,99 millones de dólares.
Los ataques basados en IA se apoyan principalmente en técnicas de suplantación de identidad mediante deepfakes y en malware desarrollado con inteligencia artificial. Según el estudio, esta evolución está modificando por completo la economía del cibercrimen: lanzar un ataque es cada vez más rápido y barato, mientras que detectar una brecha y recuperarse de ella resulta más costoso para las organizaciones. Frente a este escenario las empresas que ya utilizan inteligencia artificial y automatización en sus centros de operaciones de seguridad logran reducir el impacto económico de una brecha en una media cercana a 2 millones de dólares. Sin embargo, una de cada cuatro organizaciones todavía no ha incorporado estas capacidades a sus operaciones de seguridad.
El informe advierte de que este desequilibrio está redefiniendo el riesgo cibernético. Mientras un ataque puede requerir una inversión relativamente reducida por parte del delincuente, las consecuencias económicas para la víctima continúan creciendo.
La aparición de modelos de IA cada vez más avanzados también está modificando la estrategia de las organizaciones. Según una investigación complementaria realizada por el Instituto Ponemon, el 85 % de las empresas prevé aumentar su inversión en ciberseguridad tras conocer las capacidades ofensivas de estos nuevos modelos de inteligencia artificial. En el estudio inicial, solo el 64 % afirmaba que incrementaría ese gasto después de sufrir una brecha. Pese a ello, sigue existiendo una diferencia importante entre la velocidad de los atacantes y la capacidad de respuesta de muchas compañías. Más de la mitad ya emplea agentes para detectar y contener amenazas, pero únicamente el 18 % los utiliza para gestionar vulnerabilidades. Como consecuencia, muchas exposiciones conocidas permanecen abiertas durante más tiempo del necesario, precisamente cuando la IA permite explotarlas con mayor rapidez. Y cerca de tres de cada cuatro organizaciones reconoce que este nuevo escenario les está llevando a replantearse el papel de los agentes de IA dentro de sus operaciones de seguridad.
El informe señala además que el 62 % de los ataques impulsados por IA se dirigió contra organizaciones de infraestructuras críticas. Dentro de este grupo, los sectores financiero y energético concentraron el mayor volumen de incidentes. IBM advierte de que la elevada concentración de ataques sobre estos sectores incrementa el riesgo de efectos en cadena sobre la economía, las cadenas de suministro y la prestación de servicios esenciales.
El estudio también revela que más del 20 % de las organizaciones sufrió una brecha dirigida específicamente contra modelos o aplicaciones de inteligencia artificial. En la mayoría de los casos, el problema no estaba en la IA en sí, sino en vulnerabilidades de su entorno tecnológico. Las causas más habituales fueron API, aplicaciones o complementos comprometidos, así como errores de configuración en entornos cloud, ambos responsables del 27 % de los incidentes.
También pone el foco en la preparación frente al futuro riesgo cuántico. Solo el 37 % de las organizaciones afectadas cifraba los datos sensibles tanto en reposo como en tránsito, mientras que apenas el 34 % disponía de visibilidad sobre sus activos criptográficos.
Por último, IBM recuerda que el ransomware continúa creciendo, representando el 39 % de los incidentes analizados, frente al 34 % del año anterior. Además de paralizar la actividad de las organizaciones, los ciberdelincuentes utilizan cada vez más la IA para automatizar sus operaciones y aumentar la presión sobre las víctimas, recurriendo especialmente al daño reputacional, citado en el 41 % de los casos, por delante de la exposición de datos de empleados (35 %) y del robo de propiedad intelectual (31 %).











