España movilizará más de 8.000 millones de euros para impulsar las tecnologías profundas (Deep Tech) en el marco de la nueva Estrategia Deep Tech española 2026-2030. El anuncio lo ha realizado Juan Cruz Cigudosa, secretario de Estado de Ciencia, Innovación y Universidades, durante la última jornada del 40 Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones de AMETIC, donde ha defendido que estas tecnologías serán determinantes para la competitividad y la autonomía estratégica de los países.
“Las tecnologías profundas son el núcleo sobre el que se está construyendo la competitividad global, la autonomía estratégica y, en última instancia, la capacidad de los países para decidir su futuro”, ha señalado Cigudosa. La estrategia pretende que España avance desde su actual posición como país principalmente adoptante de tecnología hacia un modelo en el que también sea capaz de desarrollar y liderar tecnologías estratégicas.
Del volumen total previsto, el 80 % de los fondos se destinará directamente a empresas. Cigudosa ha destacado que las tecnologías profundas necesitan un modelo de financiación adaptado a sus características, con mayores plazos de maduración y una mayor capacidad para asumir riesgos. “La tecnología profunda requiere capital paciente, plazos largos y una tolerancia al fracaso que los científicos tenemos asumida, pero los empresarios todavía no; lo que tiene que cambiar”.
Entre los instrumentos previstos figura el fondo DeepTech, gestionado conjuntamente por el CDTI y el fondo Next Tech, que ya ha puesto en marcha una primera línea, denominada Montaña, centrada en tecnologías profundas aplicadas a la salud infantil. La estrategia se articula en tres ejes: reforzar las infraestructuras y el talento, fortalecer el tejido empresarial y mejorar la gobernanza del ecosistema de innovación.
En este último ámbito, uno de los elementos destacados es el Observatorio Nacional Deep Tech, que deberá identificar tendencias tecnológicas en tiempo real y contribuir a coordinar iniciativas como sandboxes regulatorios y living labs. Cigudosa también ha citado como ejemplos de las capacidades tecnológicas que ya se están desarrollando en España el centro de testeo de materiales para fusión nuclear IFMIF-DONES, en Granada, y el ecosistema de computación vinculado al Barcelona Supercomputing Center, del que han surgido compañías como Qilimanjaro y Multiverse Computing.
El talento científico es otro de los pilares de la estrategia. Cigudosa ha señalado que España perdió alrededor de 10.000 profesionales de la ciencia durante la crisis económica de hace una década, mientras que desde entonces se han recuperado 23.000. “Hemos más que duplicado esa pérdida”, ha apuntado el secretario de Estado, que considera la recuperación y consolidación de las capacidades científicas una condición necesaria para que el país pueda competir en tecnologías profundas.
Por su parte, Teresa Riesgo, secretaria general de Innovación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, ha situado la financiación privada y la transferencia de conocimiento entre los principales retos para desarrollar el ecosistema Deep Tech español. Riesgo ha destacado que el Observatorio Nacional Deep Tech permitirá detectar tendencias y facilitar que los resultados de la investigación científica lleguen al mercado.
Riesgo ha apuntado que el principal cuello de botella de España no está en el talento ni en la innovación, sino en la disponibilidad de capital privado dispuesto a asumir riesgos y mantener sus inversiones durante largos periodos. En este contexto, ha defendido la necesidad de que los inversores privados lideren las rondas de financiación de las empresas tecnológicas, mientras instrumentos públicos como Invierte, la SEET o España Crece movilizan más de 8.000 millones de euros para cubrir fallos de mercado y compartir el riesgo con el sector privado.











