Christine Lagarde, presidenta del Banco Central Europeo (BCE), considera que el modelo de crecimiento que ha sostenido a Europa durante las últimas décadas está perdiendo fuerza ante el cambio del escenario económico y geopolítico internacional. En un discurso en el que analizó los retos de la economía europea, señaló que los tres pilares de este modelo (la expansión del comercio mundial, la fortaleza industrial y un orden internacional estable) se están debilitando al asegurar que “el modelo de crecimiento de Europa después de la guerra se está erosionando. Y es poco probable que vuelva a la forma que conocíamos”.
La apertura comercial, una de las grandes fortalezas de Europa, afronta ahora un escenario más complejo. Según Lagarde, solo durante el último año se introdujeron más de 2.500 restricciones comerciales en todo el mundo. Al mismo tiempo, China ha avanzado en la cadena de valor y actualmente compite con la zona euro en cerca del 40 % de los sectores en los que Europa cuenta con una ventaja comparativa, frente a alrededor del 25 % a comienzos de los años 2000.
La energía también ha erosionado la competitividad de la industria europea. “La energía barata de la que dependía en otro tiempo la industria europea, incluida la procedente del gas ruso, se ha desvanecido”, señaló Lagarde. El pasado año, los precios de la electricidad para las industrias intensivas en energía fueron de media más del doble que en Estados Unidos y alrededor de un 50 % superiores a los de China.
A estos factores se suma un entorno geopolítico más inestable, que está obligando a las empresas a prestar mayor atención a la seguridad y a la resiliencia de sus cadenas de suministro. Según Lagarde, cuando las dependencias económicas pueden utilizarse como instrumento de presión, estas consideraciones pasan a formar parte de las propias decisiones de inversión.
“No podemos permitirnos repetir esa experiencia con la inteligencia artificial, la segunda revolución digital”
El mercado interior y la IA, claves para el crecimiento
Ante este escenario, Lagarde considera que Europa debe apoyarse más en sus propias fortalezas, especialmente en su mercado único de 27 países y 450 millones de consumidores. La economía de la zona euro creció un 1,5 % el pasado año, impulsada por la demanda interna, y en el segundo trimestre de 2026 avanzó un 0,4 %, también con una contribución positiva de la demanda doméstica. “La tarea ahora es convertir esta resiliencia interna en una fuente de crecimiento más duradera a largo plazo”.
La inteligencia artificial será uno de los principales campos en los que Europa deberá demostrar su capacidad para convertir conocimiento en crecimiento económico. La UE cuenta con una importante base científica, pero debe mejorar su capacidad para trasladar esa investigación al mercado y conseguir que las nuevas tecnologías se extiendan por el conjunto de la economía. Lagarde recordó que Europa quedó rezagada durante la primera revolución digital y advirtió de que “no podemos permitirnos repetir esa experiencia con la inteligencia artificial, la segunda revolución digital”.
Las empresas de la zona euro prevén destinar este año alrededor del 9 % de su inversión total a IA, pero la presidenta del BCE identifica dos obstáculos para que esta inversión se traduzca en mayor productividad: la fragmentación del mercado único y la de los mercados de capitales. Las diferencias regulatorias entre países dificultan que las empresas puedan crecer a escala europea, mientras que la falta de un mercado de capitales plenamente integrado limita su capacidad para financiar ese crecimiento.
Según los datos citados por Lagarde, las empresas europeas y las de San Francisco captan cantidades similares durante sus primeros cinco años, pero al décimo año las compañías europeas han conseguido aproximadamente un 50 % menos de financiación. Además, alrededor del 12 % de las empresas europeas en fase de expansión se han trasladado fuera de la UE, principalmente a Estados Unidos.
La integración de los mercados y propuestas como EU Inc., que permitiría a las empresas operar bajo un marco común en toda la Unión, pretenden reducir estas barreras. El objetivo, según Lagarde, es que Europa sea capaz de transformar el tamaño de su mercado en verdadera escala empresarial. “Convertir el tamaño europeo en escala europea permitiría a las empresas innovadoras crecer en casa, facilitaría una difusión más rápida de las nuevas tecnologías y aumentaría la productividad”.










