La inteligencia artificial sigue ganando terreno en las empresas españolas, aunque su expansión plantea nuevos retos relacionados con la formación de los empleados, la supervisión de las herramientas y el impacto energético de su utilización. Ésta ss una de las conclusiones de la segunda edición del AI Barometer 2026, elaborado por el ESSCA AI for Sustainability Institute en colaboración con Forvis Mazars.
El estudio refleja que la adopción de la inteligencia artificial está dejando atrás la fase de experimentación. El 65 % de las compañías participantes ya cuenta con un equipo específico dedicado a IA, mientras que el 57 % forma a sus empleados para utilizar estas herramientas y el 58 % tiene previsto aumentar su inversión. En la comparación entre las ediciones de 2024 y 2026, el informe muestra un aumento de la adopción de la IA en Francia y Reino Unido. En estos dos mercados, el porcentaje de empresas que cuenta con un equipo dedicado a inteligencia artificial pasó del 49 % al 71 %, mientras que la proporción de compañías que ofrece formación a sus empleados para utilizar estas herramientas aumentó del 40 % al 62 %. En España, esta evolución se produce mientras las compañías incorporan la inteligencia artificial a un número cada vez mayor de tareas.
El informe señala que, en el conjunto de los cuatro países analizados, el 80 % de los profesionales utiliza modelos de lenguaje para tareas de oficina y el 60 % emplea IA para realizar búsquedas en documentos internos. Entre las empresas que desarrollan software, más de la mitad ya delega al menos una cuarta parte de su código en herramientas de inteligencia artificial. El estudio muestra así cómo estas tecnologías están pasando de proyectos piloto a formar parte de actividades habituales dentro de las organizaciones.
La inversión, sin embargo, no responde únicamente a necesidades concretas del negocio. El 40 % de los profesionales encuestados señala que el principal motivo para invertir en inteligencia artificial es el temor para quedarse atrás, frente al 28 % que apunta a una necesidad empresarial claramente identificada. Al mismo tiempo, el 56 % considera que la IA está teniendo un efecto positivo sobre el rendimiento de su compañía.
El avance en el uso de estas herramientas no se está produciendo al mismo ritmo que el desarrollo de mecanismos para regularlas. Solo el 44 % de las empresas encuestadas en los cuatro países cuenta con normas formales sobre ética en el uso de la inteligencia artificial. Además, únicamente el 28 % de los profesionales afirma tener un nivel alto de conocimiento sobre la Ley de IA de la Unión Europea, una cifra que apenas ha variado respecto al 29 % registrado en 2024 en la comparación entre Francia y Reino Unido. La diferencia entre adopción y conocimiento de la regulación se mantiene, por tanto, como uno de los aspectos que señala el estudio.
Otro de los fenómenos que empieza a tener mayor presencia en las organizaciones es el denominado Shadow AI, que se refiere al uso de herramientas de inteligencia artificial por parte de los empleados sin autorización o supervisión de la empresa. El 66 % de los participantes reconoce que estas prácticas existen en su compañía. El uso de aplicaciones al margen de los sistemas aprobados por las organizaciones plantea cuestiones relacionadas con la seguridad de los datos, la información que los trabajadores introducen en estas herramientas y la capacidad de las empresas para controlar qué soluciones de IA se utilizan.
Los agentes de inteligencia artificial también están entrando en una nueva etapa de adopción. El 35 % de las organizaciones encuestadas ya utiliza este tipo de sistemas y un 7 % del total afirma hacerlo de manera intensiva. A diferencia de las herramientas de IA generativa utilizadas principalmente como asistentes, los agentes pueden ejecutar tareas con un mayor grado de autonomía, lo que está ampliando sus posibles aplicaciones dentro de las empresas y, al mismo tiempo, obliga a plantear nuevas formas de supervisión.
La soberanía digital es otro de los factores que empieza a tenerse en cuenta en la elección de soluciones de inteligencia artificial. El 54 % de los profesionales consultados afirma que sus empresas ya consideran este aspecto al seleccionar herramientas de IA. El debate se extiende así más allá de las prestaciones de cada tecnología y alcanza cuestiones relacionadas con el control de los datos y de las herramientas que utilizan las organizaciones, en un momento en el que las compañías dependen cada vez más de servicios tecnológicos externos.
La relación entre inteligencia artificial y sostenibilidad también presenta una diferencia entre la percepción de sus beneficios y la capacidad de medir sus efectos. El 61 % de los encuestados considera que la IA tiene un impacto positivo sobre la sostenibilidad de su empresa, pero solo el 30 % mide el consumo energético de sus sistemas y el 25 % calcula sus emisiones netas de gases de efecto invernadero. Además, únicamente el 36 % de las compañías ha tomado medidas para evitar el uso innecesario de modelos de IA. En Francia y Reino Unido, el seguimiento del consumo energético ha aumentado del 36 % en 2024 al 43 % en 2026.











